Por María Guerra
‘Carmina o revienta’. Mucha mujer para tan poca historia

El actor Paco León debuta como director con este falso documental sobre su madre: Carmina Barrios es un ama de casa sevillana de 59 años que ha sido retratada en estado de gracia contando retazos de su vida. A los siete empezó a fumar con su abuelo, al que acompañaba a las paradas de autobús para recoger colillas. Carmina, con sus kilos y sus arrugas, cuenta su vida sentada en la mesa de la cocina mientras devora yogures e hipnotiza a la cámara. Su potencia vital y escénica es tan brutal que eclipsa por completo a su hija María León, que se interpreta a sí misma, y que no ha dudado en reconocer que se sentía sobreactuada ante la naturalidad salvaje de su madre. Carmina, con todo el amor del mundo se presta para hacer de sí misma, pero pone en evidencia a su hijo, que no ha sido capaz de darle envergadura a la historia. Paco León ha encontrado en su madre una actriz demasiado grande para un guión que se queda raquítico.
Carmina o revienta es una descarnada, zafia y amorosa ópera prima que rinde homenaje a las madres batalladoras. Esas madres gritonas y ordinarias que pueblan las películas de Almodóvar. La diferencia es que Almodóvar ha construido una estructura narrativa y argumental de la que estas mujeres fuertes han sido las estrellas. Sin embargo, León no se ha propuesto inventar un mundo y una historia sobre su madre, y ahí surge su gran laguna. El resultado es una cinta viva, pero puestos a utilizar a un personaje tan auténtico… ¿por qué no utilizar su verdadera historia? Lógicamente, Léon –siendo una estrella popular de la televisión- ha querido apartar a su madre del cotilleo nacional, pero es precisamente en la falta de datos e historia -ficticia o real- donde naufraga este docudrama tan escaso, no de tiempo, porque lo 70 minutos se hacen largos, sino de avatares y en definitiva, de historia.
‘The Amazing Spiderman’. Un héroe sin garra

Estamos ante otro producto veraniego fabricado en las frías mesas de los ejecutivos de Hollywwod. Se necesita un nuevo hombre araña para los chavales de hoy en día, no importa que esté del lejos del original, lo que cuenta es que tenga el disfraz reluciente y genere merchandising que se venda hasta bien entrada la Navidad. El actor elegido es Andrew Gardfield, que hacía de amigo engañado de Zuckerbeg en La Red Social (2010). Soso, flaco y con cara de pardillo, Gardfield se mete en la piel de un Peter Parker adolescente al que vapulean en el instituto a pesar de que él ya ha cumplido los 29 años. Este Spiderman se convierte casi en precuela de las tres películas dirigidas por Sam Raimi (de 2002 a 2007) y protagonizadas por Tobey Maguire, que representaba a un joven puro, ingenuo y roturado por su pasado, pero adulto.
Para darle un sesgo más juvenil todavía, han fichado a Marc Webb que se estrena en la superproducción de acción después del éxito de su comedia romántica 500 Días juntos (2009), con la intención de humanizar todavía más al ya inseguro Peter Parker. Y en efecto lo consigue, el resultado es un personaje soso y sin carisma. Este nuevo Spiderman es un chaval que arrastra con cansancio sus leotardos y que cumple hasta con desgana su misión de salvador del mundo. Por no estar convencido, ni siquiera el villano, interpretado por el galés Rhys Ifans es un tipo demasiado malo. Y por último, en su afán por modernizar hasta han eliminado a tradicional novia Mary Jane, y se han buscado a su primer amor del instituto, Emma Stone ,(22 años) que con esa voz ronca parece la madre del héroe. En el capítulo de la acción, domina la corrección sin sorpresas. Tampoco resulta muy necesario el 3D. Que pase el siguiente héroe.
‘La delicadeza’. Audrey Tatou hace de Audrey Tatou
Cada vez más escuálida, Audrey Tatou no se libra de Amélie. Ya sea porque los directores la ven así o porque ella se encuentra cómoda en el papel de jovencita que vive en las nubes. La conclusión es que no evoluciona, y desde 2001 vive atascada en su personaje de mujer etérea. La Delicadeza es la adaptación de la novela David Foenkinos, que debuta en la dirección junto a su hermano Stéphane, hasta ahora director de casting.
Se trata de un cuento de hadas: una perfecta historia de amor entre Tatou y su marido (Pio Marmaï) que se trunca abruptamente. Ella queda viuda y paralizada en su desolación. Como es adorable, todos los hombres se enamoran de ella, pero Audrey Tatou solo ve la delicadeza de François Damiens, un cómico francés que interpreta al bicho más raro de la oficina. El gran acierto de la película es, sin duda, el fichaje de Damiens que llena de situaciones tiernas e incómodas una comedia romántica, que sin él, sería un merengue empalagoso.
‘Siempre feliz’. Felicidad a lo bestia

Los nórdicos tienen fama de exhaustivos y cuadriculados. Sociedad ordenada, paisaje perfecto y felicidad impecable… hasta que explota. Siempre feliz es una comedia romántica que se sitúa en el territorio más grotesco de la emotividad. Un matrimonio en crisis se traslada a un pueblo perdido de Noruega para darse otra oportunidad. Sus vecinos resultan ser una pareja formada por un marido desabrido con su esposa, que resulta ser la mujer más ingenua, infantil y con una patológica propensión a la felicidad. ¿anodinos elementos para una comedia de dobles parejas?
La directora debutante Anne Sewitsky acierta en el arranque de la historia, presentado situaciones tan delirantes como reales: ridículas escenas de intimidades de pareja y racismo infantil en la correctísima Noruega. Los actores se dejan llevar por lo inesperado con maestría, hasta que la historia empieza se mete en un laberinto del que no sabe salir. Una pena, porque Siempre feliz es una comedia llena de sorpresas que se deshincha al final.
‘El secreto de los 24 escalones’. Despropósito adolescente
Dos parejas de excursionistas recorren Los Pirineos tras la pista de un cementerio templario con maldición incluida. Ellos van en plan de ligar, pero entre beso y beso, se van encontrando con curas que hablan latín antes de morir, ladrones de obras de artes y fantasmas con capucha de monje. El director Santiago Lapeira reconoce que la película está dirigida a un público preadolescente y que su principal reclamo es Maxi Iglesias, el César de Física o Química, que se debate entre las dos chicas de la película. sin que a él le importe un comino lo que pasa con los espíritus indignados de los monjes.
Dos parejas de excursionistas recorren Los Pirineos tras la pista de un cementerio templario con maldición incluida. Ellos van en plan de ligar, pero entre beso y beso, se van encontrando con curas que hablan latín antes de morir, ladrones de obras de artes y fantasmas con capucha de monje. El director Santiago Lapeira reconoce que la película está dirigida a un público preadolescente y que su principal reclamo es Maxi Iglesias, el César de Física o Química, que se debate entre las dos chicas de la película. sin que a él le importe un comino lo que pasa con los espíritus indignados de los monjes.
Otro aspecto chocante es la presencia de la cantante Ana Torroja en la banda sonora. La ex de Mecano cierra los créditos finales de la película con un vídeo que muestra la grabación de la canción Dónde. Un tema lánguido que no pinta nada en esta prescindible cinta.
2 Comentarios
Harry Callahan
Marc Webb no es Sam Raimi. El primero es un director casi debutante, apenas conocido por “500 días juntos”, una afortunada comedia agridulce indie muy lejana de los presupuestos de “The Amazing Spiderman”. El segundo es un tipo que llegó a la franquicia arácnida con una señera filmografía a sus espaldas, en la que coleccionaba pequeñas joyas del fantástico como “Posesion infernal”, “Darkman” o “El ejercito de las tinieblas”. Por eso, compararles es, de partida, un error. El pipiolo saldrá siempre escaldado frente al maestro. Sobre todo si consideramos los dos primeros títulos de la trilogía de Raimi, excelentes. El tercero ya es otro cantar. Ahí la desgana y el agotamiento creativo convirtieron el filme en insufrible e hicieron que, voluntariamente, el realizador y su actor protagonista, Tobey Maguire pidieran la cuenta y abandonasen la saga.
Lo que vengo a proponer es pues valorar la cinta que ahora se estrena como algo aislado, sin referentes. Y en ese plano, el filme de Webb resulta sorpresivamente entretenido y espectacular, sobre todo gracias a la perfecta sinergia creada entre realizador, equipo de la segunda unidad y los departamentos de fotografía y efectos visuales. El primero, ha sabido meterse en camisa de once baras y poner en imágenes un filme de aventuras con una factura visual notable, demostrando saber manejar los encuadres (con un formato panorámico muy aprovechado) y la acción, esta última incluso con hasta cierta eficacia, y ello pese a que la labor de montaje no permita terminar de hacernos disfrutar las escenas de lucha cuerpo a cuerpo todo lo que se debería.
Además, el novato Marc Webb ha sido lo suficientemente humilde como para rodearse de auténticos veteranos en el género. Es el caso del responsable de la segunda unidad, esa encargada de rodar muchas escenas de acción de las vistas en el filme. Ahí, el bueno de Vic Armstrong está sembradísimo. Encargado de idénticas funciones para filmes de Scorsese, Paul Verhoven, Kenneth Branagh, John McTiernan y en algunos títulos de James Bond, de Van Damme o Tom Cruise, el obvio amparo prestado al recién llegado es tan manifiesto como brillante, apreciándose en muchas de las secuencias y planos en los que no intervienen los actores protagonistas, esos que vertebran las set pieces de pura acción y dan dinamismo y energía visual a lo que en cada momento se narra.
Y, por último, la labor fotográfica de John Schwartzman (responsable de filmes también moviditos como “Armagedon”, “La roca” o “The Green Hornet”) y la de los departamentos de efectos visuales, es insuperable. Y es que este 3D si que merece y muchísimo la pena el coste de la entrada. Jamás se ha visto un superhéroe filmado como aquí, con esa espectacularidad y capacidad para dejarte fascinado ante una imagen real en perfecta simbiosis con la digital, sobre unos escenarios nocturnos, además, rabiosamentemente luminosos, en contraposición con las tradicionales oscuridades camufladoras de las aquí superadas limitaciones de los FX.
Estas son las virtudes nada desdeñables de una película concebida, no olvidemos, para continuar exprimiendo la gallina de los huevos de oro que otro dejó plantada por palmario agotamiento. Porque si decidimos compararla con la saga de Raimi, o más concretamente, con la primera parte con la que coincide argumentalmente en mucho, “The Amazing Spiderman” saldrá mal parada en más de un aspecto…
No obstante, aunque ya se sabe que las comparaciones son odiosas, caigamos, ya puestos, deliberadamente en ellas. En primer lugar, la que ahora se propone, es un filme argumentalmente simplificado, adaptado a las mentalidades presuntamente básicas de los que parece que hoy día solo van al cine: los adolescentes. Se palpan las diferencias en la escritura de guión entre David Koepp, autor del libreto del primer Raimi, y Steve Kloves, escritor de la de Webb. Koepp explicaba los detalles de modo coherente y había causas y efectos lógicos, conflictos, psicologías y una historia de amor juvenil, mil veces vista, pero dotada de química. Kloves, como ya hizo en saga de Harry Potter, demuestra ser amante de la poda en exceso, elimina todo lo que a su (criticable) juicio no es esencial y se abandona al espectáculo, dejando que las cosas se intuyan, se medio expliquen o, directamente, sean incoherentes. Y todo hablando de una historia que es, en esencia, la misma que nos han contado espléndidamente hace nada, diez años, y que aquí se mal narra, pues se demora en los tópicos dejando demasiados cabos sueltos en los que no pierde instante en atar. Sobre todo ello, a modo de ejemplo, baste con pensar como en uno y otro filme se cuenta el incidente de la picadura de la araña y el descubrimiento posterior paulatino de los poderes, y cómo nace, en suma, el superhéroe; o la evolución del propio relato romántico. No daré más detalles para no incluir spoilers.
Obvio es decir, por otra parte, que Andrew Gardfield, aún no estando mal, es excesivamente teen, y no es Tobie Maguire, claro que su personaje tampoco es tan rico en matices como el primer Peter Parker. Y que las presencias de Sally Field y Martin Sheen son tan rutilantes como desaprovechadas, no alcanzando nunca la entrañabilidad de los originales Cliff Robertson y Rose Mary Harris. El músico Horner, muy en horas renuentemente bajas, tampoco es Danny Elfman. Y aquí el aspecto de comic, con regusto a serie B, ha desaparecido para hacerse más película show y menos traslación artesana de tebeo a la gran pantalla. Si bien reconozco que esto último puede ser más una opción para marcar distancias que algo necesariamente criticable.
Podría seguir, pero como decía al comienzo, creo que, una vez criticado con fruición el obvio error que es volver a contar la misma historia que muy bien se contó hace demasiados pocos años, persistir en comparar es caer en lo obvio y hasta facilón. Por eso, prefiero abstraerme de ello, ser indulgente y quedarme con el hecho de que nada esperaba de este “The Amazing Spiderman” que si bien, al final no ha resultado ser tan amazing, si que le alabo el intento a Marc Webb por pretender y conseguir un blockbuster veraniego, que se goza devorando palomitas y sin otra pretensión más que la mera (y muy necesaria en estos tiempos) evasión.
08 jul 2012 11:07 pm (@@magnumcallahan)
Marcos Vilas
Profundamente avergonzado de la película de Paco León. No se puede ser más vulgar, más zafio, más ordinario, y estar al mismo tiempo tan orgulloso de serlo.
10 jul 2012 10:07 am (@Twitter)
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