
‘Shame’. Desasosegante genialidad / María Guerra
Que no se engañe nadie. ‘Shame’ no es un caramelito para excitarse, sino una patada seca en la boca del estómago. Seguir las andanzas de un ejecutivo adicto al sexo podría ser un espectáculo morboso y banal, o por el contrario puede llevar a un inquietante reflejo del desasosiego contemporáneo, algo que consigue plenamente.
El director británico Steve McQueen debutó en 2008 con ‘Hunger’, un durísimo retrato de los meses finales de la huelga de hambre que acabó con la vida del líder del IRA, Bobby Sands, en la cárcel de Maze en 1981. Según McQueen, ‘Hunger’ cuenta la historia de un hombre encarcelado que utiliza su cuerpo como instrumento político para encontrar la libertad. El caso de ‘Shame’ es todo lo contrario: un hombre que goza de todas las libertades sexuales y que crea su prisión en ellas.
La reflexión es certera, pero la puesta en escena lo es todavía más. McQueen recurre al minimalismo estético y a la contención gestual de Michael Fassbender para narrar el dolor y el abismo emocional de un ejecutivo que disfruta del éxito profesional, pero está perdido en un frío laberinto de soledad y placer sexual.
El actor Michael Fassbender (‘Malditos Bastardos’, ‘Un Método Peligroso’, ‘Jane Eyre’) se reencuentra con McQueen tras ‘Hunger’ y despliega una interpretación tan contenida como tierna. Su rocosa fachada se resquebraja con la irrupción de Carey Mulligan, en el papel de su hermana, que con su avasalladora y turbia presencia desborda los diques de su convivencia.
El hecho de que Fassbender haya ganado únicamente el premio al Mejor Actor en el pasado Festival de Venecia y ni siquiera haya llegado a los Oscar, solo indica que la pacateria sigue reinando en Hollywood. ‘Shame’ produce una inquietud malsana, y como dijo su director en la Mostra, “en el personaje de Fassbender todos nos reconocemos”. De ahí la vergüenza del título que, sin referirse a nada concreto, sobrevuela y nos apunta durante todo el metraje.
‘Young Adult’. Adolescentes de mediana edad / María Guerra
Charlize Theron interpreta en ‘Young Adult’ a una adolescente mental a punto de entrar en la cuarentena. Es una escritora de novelas de amor para público juvenil, que entre lingotazos de güisqui y los párrafos de sus propias invenciones románticas, decide volver a su pueblo y reencontrarse con su novio del instituto.
El director Jason Reitman (‘Up in the Air’) y la guionista Diablo Cody vuelven a trabajar juntos tras ‘Juno’. Esta vez le dan otra vuelta de tuerca a la comedia social, le retuercen el brazo a esa complaciente generación de treintañeros (pegados a una pantalla del móvil u ordenador) que se resisten a madurar. Pero en su caricatura despiadada, se pasan de frenada y dejan al personaje de Theron tirado en el barranco de lo grotesco y lo patético. Y desde luego, la culpa no la tiene la actriz sudafricana, que se pasea victoriosa con milagroso equilibrio por el filo de la navaja del ridículo.
Como ya pasó con ‘Juno’ (que fue acusada de ser antiabortista), la historia de ‘Young Adult’ arranca con una inmensa fuerza y originalidad en la descripción del personaje, pero en su parodia de los adolescentes de mediana edad, el guión de Cody se desliza peligrosamente y con torpeza hacia la exaltación de la familia tradicional.
A pesar de sus excesos, ‘Young Adult’ es una comedia deliciosamente corrosiva, que se ríe de los tics de toda una sociedad atontada, que vive anestesiada entre resacas, delirios de grandeza, artefactos digitales y peluches del pasado.
‘La mujer de negro’. Terror apolillado / María Guerra
En su afán de exprimir el éxito de Harry Potter, la mítica productora británica de terror Hammer le ofrece a Daniel Radcliffe el papel de viudo apesadumbrado, un abogado que acaba investigando la herencia de una casa encantada. ‘La Mujer de negro’ está basada en la novela de Susan Hill, que ha sido llevada al teatro en muchas ocasiones, y que bajo la dirección de James Watkins no sale del carril de película de terror a la antigua usanza.
Radcliffe demuestra que puede salir del papel del mago. Se maneja con soltura en el registro de hombre adulto, aunque le traiciona su pequeña estatura y débil presencia escénica. Por otro lado, el encadenamiento de sustos convencionales, acompañados de una banda sonora demasiado obvia convierten a esta película en un producto comercial anodino dirigido al público que creció con Harry Potter y quiere seguir a su protagonista.
Ninguna originalidad, ni aspiración a ella. Guillermo del Toro hubiera sido un buen acompañante en este viaje hacia los pantanos ingleses de principios de siglo XX. Olvidable.
‘Cuenta atrás’. Esto ya nos lo habían contado / David Martos

Cuando un thriller dura 84 minutos no puede dejar mucho tiempo para las transiciones, esas concesiones a la respiración del público entre pelea y persecución, entre asesinato y sarta de mamporrazos. ‘Cuenta atrás’ [de título original 'À bout portant'] es ese tipo de thriller. Si el protagonista -Gilles Lellouche, un aspirante a enfermero al que recordamos de ‘Pequeñas mentiras sin importancia’- descansa en medio de una frenética carrera, es para vomitar por los nervios; si se nos muestra una tranquila estampa familiar junto a su embarazada mujer -Elena Anaya- es para verla interrumpida instantáneamente por un asalto violento. Incluso la machacona música incidental contribuye a recordarnos cada 10 segundos que nos encontramos en un viaje trepidante.
La trama no sorprende. Ese aspirante a enfermero del que hablábamos hace prácticas en un hospital. Allí es trasladado un hombre que acaba de verse envuelto en un accidente, y que sufre un intento de asesinato durante su convalecencia; el protagonista consigue impedirlo, y por eso ‘los malos’ secuestran a su mujer, obligándolo a colaborar con ellos en la entrega del paciente. A esto hay que añadirle unas gotas de corrupción policial, y… ‘voilà!’. ‘Cuenta atrás’ es el segundo largometraje como director de Fred Cavayé -uno de los responsables de ‘Les infidèles’, esa película con tan polémico cartel, protagonizada por Jean Dujardin. La cinta no aburre… pero tampoco aporta novedades. Un thriller destinado a la televisión.
‘Infierno blanco’. ‘¡Viven!’ + Lobos / David Martos

‘Infierno blanco’ tiene una gran virtud, y es su propósito inicial de alejarse de ‘¡Viven!’, aquella terrible historia con accidente de avión y canibalismo incluidos. De hecho, uno de los personajes alude directamente a aquella cinta cuando dice algo así como… “no quiero acabar comiendo filetes de culo congelado“. Bueno, pues no sabemos de qué parte del cuerpo serán, pero los filetes que nos ofrece ‘Infierno blanco’ son congelados y están pasados de fecha. Decíamos que tiene la loable intención de alejarse de ‘Viven’, pero no lo consigue en absoluto. La historia de Liam Neeson -trabajador de una plataforma petrolífera que se dedica a matar lobos para proteger a sus compañeros- se parece demasiado a guiones que ya conocemos. Un avión que se estrella, pocos supervivientes, uno que se hace el listo, otro que se hace el gracioso, un tercero que asume el liderazgo [Neeson]… y los lobos comienzan a zampárselos sin piedad.
Joe Carnahan, el director de la última adaptación cinematográfica de ‘El equipo A’, firma una cinta bastante vistosa -son impresionantes los paisajes nevados-, con unos lobos que dejan bastante que desear [alguna escena nocturna deja algunos trucos al descubierto] y con un montaje arriesgado que, sin embargo, acaba funcionando. A Liam Neeson lo recordamos en papeles mejores.
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