Un oficio en apuros
Hacía un par de años que no le veía. Tiene buen aspecto y parece que le van medianamente bien las cosas aunque asegura que desde que se ha vuelto honrado la vida se le ha puesto difícil. Jorge Rojano es atracador jubilado.
Dejó el oficio, explica con lenguaje de tecnócrata, cuando el trabajo se puso difícil: invertía un dineral en prospección de mercado, utillaje e inmuebles, que así definía la investigación de bancos a atracar, compra de armas y pisos francos, dinero que no recuperaba porque los bancos, dice, muchas facilidades cuando llevas dinero, señor Rojano por aquí, señor Rojano por allá, pero ponen dificultades, cajas fuertes de apertura retardada, por ejemplo, cuando con una pistola en la mano pides que te lo den.
Y encima, dice Rojano, la competencia de las mafias extranjeras, que se lían a tiros a la menor dificultad, y no como los atracadores autóctonos, más civilizados.
A Rojano lo de Marbella le ha acabado de desmoralizar. Sin jugarse el tipo se han llevado más dinero que yo, media vida con pasamontañas, dice Rojano, ahora dedicado a la decoración porque siempre ha sido un artista.
Nuevos tiempos, Javier. A la delincuencia autóctona la jubila la violenta globalización del crimen y la sofisticada ingeniería financiera. Véase el último secuestro exprés.


Hoy los grandes estudios de Hollywood han dado el paso definitivo hacia la venta de películas por Internet. Desde esta mañana, King Kong o Brokeback Mountain –entre otros miles de películas- se pueden bajar legalmente por 19,99 dólares. Hay cientos de títulos a 1,99. El sistema permite ver la película en un ordenador o en una televisión conectada a un ordenador, pero no puede pasarse a un DVD. Hasta ahora, algunos estudios permitían alquilar películas en Internet pero los archivos sólo podían reproducirse durante un mes. Ahora las películas compradas y bajadas son para siempre. Es tecnología para la pereza: por el mismo precio uno se puede comprar el DVD, con su cajita, sus extras, etc.