Javier del Pino

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El héroe de la cocina

Ayer conocí a Ferrán Adriá. Me lo presento José Andrés en Zaytinya, su restaurante de Washington. Ferrán venía de Miami y se marchaba a Chicago; los mejores chefs de Estados Unidos se pegan por estar un minuto junto a él. Tenemos varios amigos comunes. Estaba ansioso por saber más detalles sobre la dimisión de Florentino Pérez. Es un tipo cordial y cercano.

Estar con Ferrán Adriá en Washington es como estar con Brad Pitt en Madrid: te sientes al lado de una estrella. Había periodistas del Post y el New York Times que se acercaban a él con una admiración reverencial, como si fuera el Espíritu Santo de la cocina.

Aquí lo es. La portada que le dedicó el suplemento dominical del Times coronó a Adriá como el mejor cocinero del mundo. Me pregunto si en España recibe tanto mérito y semejante tratamiento.

Holocausto y máquinas de matar

Carta de José Martí:

En Viena, Javier, David Irving ha sido condenado a tres años de cárcel por negar la magnitud el holocausto. El mundo islámico denunciará el doble rasero en la libertad de expresión.

Hace una decena de años entrevisté a Irving en su casa de Londres, en el barrio de Mayfair. Irving, que matrimonió con una Stuik de los reales tapices y los toros en Las Ventas, es un autodidacta inteligente. Como historiador tiene acceso a material de primera mano. Le pierde que su ideología, antisemita, fascista y racista, se imponga al rigor del historiador.

Le entrevisté porque prologaba un opúsculo escrito por un norteamericano en el que se afirma que los crematorios de Auschwitz fueron un camelo. Como si los testimonios del horror fuesen invenciones delirantes.

Si te envío esta carta es porque quizá puedas aportarnos datos sobre el autor del opúsculo, Fred Leuchter, propietario de una empresa de instalaciones para inyecciones letales, cámaras de gas y sillas eléctricas que vende a cárceles en las que se ejecute.

Vi el catálogo con su último modelo en silla eléctrica. Garantiza electrocutación sin problemas, decía. ¿Es de Leuchter el sistema de inyección letal que los médicos se han negado a aplicar en el penal de San Quintín? Irving y Lederer: la extraña pareja con millones de adeptos.

Pues fíjate, José, que en 1990 el New York Times, al que algunos llaman el “periódico judío” de Estados Unidos, publicó un artículo sobre el tal Fred Leuchter en el que describía a este individuo como el mayor experto del país en técnicas de ejecución de la pena de muerte; no imaginaban quienes redactaron el artículo que Leuchter acabaría convertido en líder de los que aquí llaman “negacionaistas”, que cuestionan la masacre nazi en los campos de concentración.

Se presentaba a sí mismo como experto en construcción de cámaras de gas cuando todavía se usaba ese método en algunos Estados. Inventó una máquina de aplicación de inyecciones letales que todavía se usa en varias cárceles y que garantiza una muerte teóricamente indolora; en realidad, su sistema garantizaba que el ejecutado estaría suficientemente paralizado como para no poder expresar el dolor de las sustancias que acaban con su vida y que producen, según cuentan, una sensación similar a la de ser quemado vivo.

Y así, como experto, se fue a visitar Auschwitz. Raspó las paredes de las cámaras, se trajo a Boston la arenilla, la analizó en un laboratorio y no detectó restos de gases venenosos. Concusión: el Holocausto no existió. Poco le importaba que científicos de verdad le dijeran que su análisis era una estupidez. Porque Leuchter, dicho sea de paso, no tiene título, ni carrera, ni estudios conocidos.

Hace poco, un amigo –mucho más mayor que yo- me dio un manuscrito con sus memorias para que le diera mi opinión. Yo sabía que mi amigo era judío, nacido en Polonia, con una vida intensa. Pero no sabía que pasó su infancia en Auschwitz. Y en las páginas que me dio contaba –con cierta frialdad- el terror de esos años y el recuerdo de su padre, a quien vio forzado a entrar en un edificio del campo de concentración que tenía una chimenea de la que salía humo negro con mal olor. Nunca volvió a ver a su padre. Paradojas de la vida: mi amigo es ahora uno de los jueces del Tribunal Internacional de la Haya, experto en crímenes contra la humanidad.

Cheney

Me ha costado mucho no escribir nada sobre el accidente de caza de Dick Cheney. Me sorprende enormemente que Bob Woodward, el prestigioso Bob Woodward, dijera ayer en San Antonio que el candidato republicano para suceder a Bush puede ser… Dick Cheney, con sus infartos y sus rifles. Si alguien tiene información fetén en Washington es Woodward. Alguien del Center For American Progress (el think tank de los demócratas) me dijo hace poco que la incógnita no es saber si Hillary Clinton se presentará o no como candidata (sí que se presentará) sino contra quién luchará en las elecciones del 4 de noviembre de 2008.

El dinero y la familia

Correspondencia con José Martí para A Vivir Que Son Dos Días del próximo fin de semana.

¿Qué te parece, José, lo que Brent Redstone le ha hecho a su padre? El padre se llama Sumner Redstone y tiene 82 años. Consciente de que el tiempo apremia, ha empezado los trámites para que la empresa familiar, cuando él muera, pase a manos de su hija Shari, y no del hijo, que nunca ha mostrado mucho interés por el negocio.

Ahora el hijo, Brent, indignado por este injusto reparto de la herencia, ha presentado una demanda contra su padre para pedir que en el testamento se le conceda lo que considera suyo. Me dirás que es una rencilla familiar como otras muchas, una historia de hijos favoritos. Sí que es una historia relativamente común, con la salvedad de que la empresa familiar de los Redstone es un imperio mediático que controla, entre otras, la cadena de televisión CBS. Hablamos de miles de millones de dólares.

En Estados Unidos, las leyes que regulan el reparto de una herencia dependen de cada Estado pero, en general, otorgan al difunto la facultad de distribuir su fortuna entre sus hijos de manera desigual. Y en los lugares en los que eso no es legal, siempre hay trucos empresariales para desviar en vida el control de la compañía hacia el hijo que supuestamente lo merece.

¿Cómo se ajustan las herencias en España cuando un padre le quiere dejar más a uno que a otro? Me pregunto José, si favorecer a un hijo por encima de otro es una cosa de ricos. Porque si no lo es, ¿será mentira que se quiere a todos los hijos por igual?

Es un hecho, Javier, que las herencias acaban rompiendo muchas familias. Entre las ricas porque, al haber mucho a repartir, los herederos con menor porción de pastel de la herencia se sienten ninguneados. Las pobres, que no suelen hacer testamento, porque se disputan la mantelería de la tía soltera.

Si los oyentes se animasen a ser sinceros nos podrían contar muchas historias de frustraciones con herencia de por medio.

Yo sé la del abogado que donó su valiosa pinacoteca a una orden religiosa cuando un día oyó expresar a sus hijos la esperanza de que muriese pronto para poder pulirse las obras de arte.

Y un notario me contó que en su caja fuerte tiene tantas herencias para hijos ilegítimos que, a fin de evitarles el patatús, desearía que las esposas falleciesen antes que los golfos de sus maridos.

Te cuento otra historia. Al hijo mimado, el padre le dejó la gran casa de campo, con bosque y tierras de cultivo. Al hijo menos querido le tocaron campos de algarrobos. Los dos hermanos dejaron de hablarse. Llegó el turismo, los pedregales de algarrobos cerca de playa pasaron a valer millones y la casa con tierras de cultivo agonizó.

El que se cabreó con los algarrobos hoy no pega golpe y va en Ferrari y el mimado de la casa de labranza malvive sacándola adelante como casa rural. Los dos hermanos siguen sin hablarse.

Ejércitos en crisis


De José Martí:


Párrafos de un mensaje publicitario aparecido en la prensa de Gran Bretaña, hace doce años: “En el competitivo mundo actual sólo sobreviven los más fuertes. Sólo los más preparados física y psicológicamente tienen futuro. Para triunfar en la vida no se puede dudar a la hora de tomar decisiones ni sucumbir a sentimientos. Esta es la enseñanza que te da el ejército. Alístate”.

El anuncio acababa diciendo que la formación que ofrece el ejército es un excelente currículo al reincorporarse a la vida civil. No parece que el reclamo tuviese éxito. Leo ahora que el ejército británico insiste en sus mensajes porque sólo recluta jóvenes de lo que fueron sus colonias. Los jóvenes de origen británico, pasan. ¿Pasan también en Estados Unidos, Javier?

Un estudio de la Universidad de Barcelona, afirma que en las academias militares españolas se rechaza que los inmigrantes, aunque estén legalizados, puedan formar parte de las fuerzas armadas, pero creo que llevamos el camino de Gran Bretaña.

Al paso que van los ejércitos, en caso de guerra o golpe de estado acabarán matando y muriendo por la patria jóvenes para los que la patria más que concepto será sólo salario. El prestigio de la milicia está hoy en declive, afirma el estudio universitario.


Justo cuando me cuentas esto, José, leo dos informaciones el mismo día, en periódicos distintos. La primera está en portada del NewYork Times. Empieza así: “El sargento Gavino Barron, vestido con un lustroso uniforme del ejército, pesca reclutas en unos grandes almacenes. Su misión es aumentar el número de hispanos alistados. Se acerca a un par de adolescentes y les dice, en perfecto español: ¿Habéis pensado alguna vez en alistaros al ejército? Podéis ganar hasta 40.000 dólares. ¡Yo también soy de México!”

Antes eran los afroamericanos los que se alistaban con más facilidad. Ahora ellos están desencantados con la guerra en Irak y son los hispanos los que ven en el ejército una manera de ganar dinero fácil y demostrar una voluntad de integración. Los reclutadores se pasean por sus barrios y sus colegios, e invitan a comer a quien quiere escuchar, a quien quiere dejarse convencer.

La otra historia de la que te hablaba estaba en el Washington Post. Es la historia de una madre. Se llama Kim-Hoan Thi. Nacio en Vietnam. Su hijo también nació allí, pero acabó como inmigrante en Estados Unidos. Quería lograr la nacionalidad y traerse a sus padres a vivir aquí, cerca de Washington. Se alistó al Ejército, y acabó en Irak. Su madre soñaba con venir a ver a su hijo a la vuelta, pero cuando vino fue para estar en su funeral en el cementerio de Arlington. Ahora quiere quedarse aquí para poner flores en su tumba cada domingo. Ha pedido un permiso de residencia pero se lo han denegado. Tiene que volverse a Vietnam.

El Ejército de este país se alimenta hoy de jóvenes de clases desfavorecidas o inmigrantes que quieren ser patriotas. Todo lo que tiene que ver con la guerra carece de sentido.

Censura e hipocresía

¡La cadena ABC censuró a los Rolling Stones! ¡Qué conservadores son los censores estadounidenses! ¡Qué sociedad más pacata!

Esto es lo que se destila de las informaciones sobre el concierto de los Stones en el intermedio de la Super Bowl. Los medios españoles, entre ellos la SER y El País, colocaban la censura a los Stones como uno de los titulares del día. Es comprensible: se ajusta al tópico sobre el conservadurismo de este país. Pero me sorprende y me indigna que las informaciones pongan el grito en el cielo sin atreverse a reproducir lo censurado: la ABC cerró el micrófono de Mick Jagger cuando en Start Me Up cantaba “You make a dead man come”, que significa “Haces que se corra un muerto”. ¿Cómo puedes criticar a la ABC por tapar algo que ni tú te atreves a reproducir en castellano?

Yo vi la Super Bowl con amigos en casa, y con niños de 8 ó 9 años. Los Stones actuaron a las 7 y media de la tarde. Me da miedo reconocerlo por la que me va a caer, pero me alegro de que la ABC tapara esa frase.

24 horas después...

En la entrada anterior ya aceptaba de antemano el vendaval que se me iba a venir encima. He repasado meticulosamente los comentarios, como hago siempre.

Me gusta provocar, y veo que lo he conseguido. Ayer recibí también la llamada de uno de mis jefes, alarmado por mi supuesto giro conservador, escandalizado por mi aparente falta de contacto con la realidad española y preocupado, en definitiva, por el estado de mi salud mental. Se lo agradezco. Sé que su consternación es sincera y no producto de la falta de nicotina en sus venas.

EL jefe en cuestión también matizó –como ha hecho algún lector- que en la antena de la SER sí se ha leído la frase de marras sobre la eyaculación de un finado. “En Hoy por Hoy y en Hora 25”, me dijo. En mi defensa alegué, primero, que yo hacía referencia a las páginas web de la SER y El País, y, segundo, que Hoy por Hoy se emite con los niños en el colegio y Hora 25 con los niños en la cama. O aunque no estén en la cama, no creo que sean adictos a Carlos Llamas. Y si lo son, sus padres deberían hacérselo mirar.

Sigo pensando que no es lo mismo decir “haces que se corra un muerto” en alguno de esos dos momentos a decirlo, por ejemplo, durante el telediario de las 9, o en medio de un Madrid-Barça un sábado por la tarde. Decirlo en medio de la Super Bowl (7 y media de la tarde en la costa atlántica, 4 y media de la tarde en el otro lado), cuando una buena porción del público es infantil, todavía me parece un pelín extremo. No me lo pareció que Janet Jackson enseñara lo que quisiera hace dos años. Esto sí.

Reconozco que la paternidad altera mucho la perspectiva, y puede también que me haya explicado mal: no defiendo la censura sino la cordura. Se trata de definir qué es adecuado para qué momento y para qué público en función del sentido común. Quizá en el fondo sea una cuestión de puro egoísmo y lo que mi subconsciente pretende es evitar la pregunta “Papá, ¿Qué hay que hacer para que se corra un muerto?”.

Acepto, en cualquier caso, todo lo que se me ha dicho, sobre todo la sugerencia de refrescar mi españolismo. A ver si le saco a mi jefe unas vacaciones pagadas en Mallorca.

Viajar para contarlo

Carta para Martí:

He visto en televisión una entrevista con el filósofo francés Bernard-Henry Lévy. Ha publicado un libro sobre Estados Unidos, American Vertigo. Vino aquí, estuvo unos pocos meses, viajó por algunos estados y escribió 320 páginas. No he leído el libro, pero me fascina la capacidad que tienen algunos para considerar que sus opiniones son relevantes. Conozco a un periodista español que estuvo una semana de vacaciones en Cuba y a la vuelta escribió un libro porque se consideraba un experto en esa isla.

Me parece más riguroso lo que hizo Bill Bryson, un autor de libros de viajes al que conocerás. Nacido y educado aquí, se marchó a vivir a Inglaterra durante 20 años. A la vuelta a Estados Unidos, escribió un libro sobre el regreso a un país que ya no era el mismo que él había dejado.

Me pregunto, José, cuál es el tiempo que uno ha de pasar fuera para poder ver su país con la distancia del visitante. A mi ya me ocurre. He ido muy poco a España en tanto tiempo fuera, pero cuando llego a Barajas, me sorprende –o me sorprendía- que la gente fumara en la terminal, o que los guardias civiles pasearan con las manos en la espalda, una postura en la que nunca verías a un policía americano.

Tú te fuiste un largo tiempo a Londres. Cuando regresaste, José ¿volviste a ser el que eras o desde entonces te has sentido un poco extranjero?


Debe ser cosa genética, Javier, pero siempre me he sentido un poco extranjero en todas partes. Sólo te diré que en Barcelona me asfixia tanto el victimismo del nacionalismo que hay días que me siento próximo a Madrid, pero cuando voy a Madrid me hastío tanto con lo del España se rompe, como si las autonomías fuesen la vajilla heredada de la abuela, que antes de coger el puente aéreo he de tomarme una tila.

Creo que fue Dionisio Ridruejo quien sugirió una Constitución con un solo artículo: “Será pasado por las armas el que quiera salvar a España”. Dado que hoy se exigen fidelidades sin fisuras, no ser de ninguna parte y de todas partes al mismo tiempo no es fácil. Pero enriquece vivir en tierra de nadie porque toda raza, persona, cultura distinta merece ser vivida.

Eso sí: vivida con honradez, no para escribir un libro tras pasar una semana en un país. Para ese caso que citas, que no es único, suscribo las palabras de un personaje del dramaturgo Tom Stoppart: “Estoy a favor de la libertad de expresión siempre que antes se fusile al periodista”.

No hay nada más enriquecedor que abrirse a fondo a otros códigos de conducta asumiendo que todos aportan cosas buenas y malas. ¿Lo hacemos? ¿O nos quedamos en lo superficial?

Demanda por volumen

Un tal John Kiel Patterson se ha convertido en el primer individuo que presenta una demanda contra Apple porque su iPod, según él, le ha provocado una pérdida de su capacidad de audición. Las instrucciones de los iPods establecen que un volumen muy alto puede producir sordera, pero el abogado del demandante dice que la advertencia no debería estar en el manual sino claramente visible en el reproductor.

P.D.: Para quien esté interesado en conocer algunas de las demandas más pintorescas en la historia judicial de Estados Unidos –y no digo que ésta lo sea- recomiendo el libro Shark Tales de Ron Liebman.

P.D. 2: Qué casualidad que el abogado del demandante trabaje también para Microsoft.

Un desliz

Para quienes estén interesados en la cocina del periodismo, hoy ocurrió algo que nos obligó a reflexionar sobre la inmediatez de la radio. La inmediatez, lo reconozco de antemano, siempre me ha parecido un concepto sobrestimado en esta profesión.

Diez minutos antes del boletín informativo de las 6 de la tarde, la Agencia EFE lanzó un teletipo urgente fechado en Miami que anunciaba la anulación de la sentencia del preso español Pablo Ibar, condenado a muerte en Estados Unidos por tres asesinatos. La noticia constituía, a todas luces, una repetición del infausto caso Joaquín José Martínez.

Alguien en la redacción llamó inmediatamente al padre del preso, Cándido, y desvió la llamada a la emisión en directo en La Ventana. El padre, con serenidad, dijo: “Me parece que la información es errónea, porque la sentencia que se ha anulado no es la de mi hijo sino la de su cómplice”.

Ocurrió que la Agencia EFE había confirmado la información con una llamada a la mujer de Pablo Ibar. La fuente era solvente, pero su información resulto ser equivocada.

Es un error lamentable pero comprensible; cualquiera podría haberlo cometido si es la mujer del preso quien te lo cuenta. Pero igual que ellos deberán meditar sobre lo ocurrido, también nosotros en la radio: al desmentir la noticia en directo, el padre hizo en antena lo que nosotros deberíamos haber hecho en la redacción antes de trasladar la información al oyente. En la era de Internet, la radio no necesita apresurarse porque por encima de la inmediatez siempre debe estar el rigor: la sentencia estaba disponible para su lectura en el archivo del Tribunal Supremo de Florida.

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