El fin de una época
Esta es la carta a la que responderá José Martí. Las opiniones aquí y en su blog estarán el sábado en A Vivir Que Son Dos Días. Gracias y Feliz Año a todos los que han pasado alguna vez por aquí.
Conté en la radio el otro día, José, que hace poco, mi hija mayor, que tiene siete años, vio por la calle junto a un portal a un señor que fumaba. Y me preguntó qué era eso que tenía en la mano ese señor, eso que echaba humo. Descubrí que, con 7 años, mi hija había visto un cigarrillo por primera vez en su vida, mientras yo, a los 7 años, ya había sufrido el tabaco hasta en el colegio. Porque en los colegios, aunque ahora cueste creerlo, los profesores siempre han fumado.
También descubrí en ese momento que mis hijas tienen un regalo en su infancia que yo no disfruté, el de un aire algo más limpio. Hablé sobre esto con un amigo español, fumador, y tardó un par de minutos en decirme, como siempre, que aquí en Estados Unidos no dejan fumar pero te dejan llevar pistola. Ni me voy a molestar en discutir sobre esto.
Yo fumé durante unos años, poco, pero lo suficiente como para arrepentirme. Hace cuatro meses se murió un gran amigo por un cáncer de pulmón; maldecía, demasiado tarde, cada cigarrillo que se había fumado en su vida. Creo recordar, José, que tú eras –o eres- fumador ocasional. Y de verdad que me interesa saber tu opinión sobre una ley que, para mí, se limita a recordar lo que es el sentido común.


(un amigo de aquí –igual que muchos americanos- suele decirme que a él le gustaba Woody Allen “cuando era gracioso”). Allen dijo:
En Francia ya hay aparatos que barren las frecuencias de telefonía móvil para que no funcionen en el interior de los cines. 
