Javier del Pino

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Jueces y Mujeres

Esta es la carta que recibí de José Martí esta semana, junto con mi respuesta. Los comentarios estarán en A Vivir Que Son Dos Días del próximo sábado.

La justicia española, querido Javier, sigue siendo tan lenta como cuando te fuiste a Washington hace unos años. Sumarios que se ventilan con cuatro años de retraso en lo penal, o con ocho en lo contencioso administrativo, son cosa normal. Como natural es que un cinco por ciento de juicios se suspendan porque no se ha citado al procesado. Hay ordenadores, pero en palabras de un buen juez, en muchos casos sólo han servido para informatizar el caos y permitir a jueces mediocres dictar sentencias infumables. De recortar y pegar. Si te escribo esta carta, Javier, es porque de la Escuela Judicial han salido ciento veinticinco nuevos jueces, ochenta y seis de ellos mujeres, y ahí late mi esperanza de que con el tiempo solucionen un problema más grave que la lentitud de la Justicia: su deshumanización. Sólo la Medicina trata a sus usuarios con un lenguaje tan indescifrable y frío como la justicia. Ahora ya son muchas y conforme ocupen cargos de responsabilidad confío aporten un mayor sentido de la realidad y mayor capacidad para captar problemas sociales que los jueces varones, viciados en su mayoría en la idea de la justicia como poder en lugar de la justicia como servicio.
Ya que mencionas, José, que cunde entre los jueces varones la idea de la justicia como poder, te diré que cuando recibí tu carta pregunté a un amigo procurador, que trata a diario con jueces, qué cualidad es la que mejor define a un magistrado. Y me dijo: no es una sino dos. La primera, el poder, porque están acostumbrados a mandar y lo convierten en un gesto de superioridad: mandan sobre los abogados, los oficiales, la guardia civil, la policía local y el vigilante jurado. Y la segunda, la obsesión por el tiempo: para ellos, me dice mi amigo, un justiciable es una persona que ha de hacerle perder poco tiempo con su problema porque luego tiene ocho juicios más, a las once tiene que irse al café y a las tres a comer a casa.

Pero lo peor, me dice, es que además se creen infalibles. Si la Audiencia o el Supremo revocan una sentencia, es sólo porque “disiente” de su opinión. Equivocarse, nunca se equivocan.

Sobra decir, José, que hay jueces buenos y malos, igual que periodistas buenos y malos. De hecho, seguro que hay más jueces buenos que periodistas buenos. Y he de decirte que las quejas son las mismas aquí y allí: he visto una encuesta de la Asociación Nacional de Abogados en la que el 80% de los encuestados creen que el mayor problema del sistema judicial de EEUU es la lentitud.

¿Qué con más mujeres jueces mejorarán los modales y se humanizará la profesión? No tengo ninguna duda. Y con más mujeres periodistas, también.

Guía para dejar de trabajar

¿Con cuánto dinero ahorrado puede uno insultar a su jefe, dejar el trabajo y vivir de las rentas? Este amplísimo reportaje de la revista New York Mag utiliza un cuestionario simple para deducir la cantidad que uno ha de tener ahorrada para poder vivir sin trabajar. Hay parámetros que, obviamente, no se ajustan al patrón español porque la vida en esa ciudad es incomparablemente más cara y la sanidad no es universal. En la escala más baja, si alguien gasta en torno a 40.000 dólares anuales, necesitará un millón de dólares ahorrados para vivir sin trabajar.
Problema para esta semana. Imagina que tienes la casa pagada (ya lo sé: es economía-ficción). Imagina que te conformas con tres películas de cine al mes, dos comidas en restaurante y un viaje al año. Imagina incluso que vendes tu piso y te marchas a una ciudad más asequible. ¿Cuánto dinero te hace falta para vivir feliz sin trabajar a partir de los… pongamos por caso… 45 años de edad? El jueves, en La Ventana, un economista nos ayudará a echar cuentas.

Si estás trabajando, no leas esto

Esta historia de la fantástica revista Wired adelanta la última tendencia en política empresarial: muchas compañías cuyos empleados tienen ordenadores con acceso a Internet están instalando filtros para bloquear el acceso a cualquier tipo de blog. En teoría, la decisión pretende evitar la fuga de información interna, aunque sospecho que es una medida encaminada más a luchar contra la distracción. Feliz Día de Internet.

Sonríe: así fue la guerra

El anuncio que veis a la derecha ha sido publicado por la revista estadounidense The New Yorker. Pertenece a la última campaña publicitaria (“¡Sonríe! ¡Estás en España!”) de la Secretaría General de Turismo. ¿No parece un poco tosco pedir a los visitantes que sonrían ante un cuatro que refleja uno de los momentos más dramáticos y sangrientos de nuestra historia contemporánea? Este blog sugiere que la campaña debería decir: “¡Sonríe! ¡Mil seiscientos civiles fueron asesinados por un bombardeo fascista!”. Algunos comentarios consideran que quizá el visitante puede sonreír “porque España es un país tan liberal en las leyes del tabaco que seguro que está permitido fumarse un cigarrito en el Prado y echar el humo a los tesoros nacionales del país”.

Familias rotas

Esta es la carta que José Martí me envió esta semana. De nuevo, agradecemos los comentarios y trataremos de llevarlos a antena en la edición del sábado de A Vivir Que Son Dos Días.

Primero te cuento la historia, Javier: Juan, veinticinco años, está casado con Luisa. Juan, harto de que su suegra siempre esté metida en casa, discutió con Luisa. La discusión acabó con dos bofetadas de Juan y con Luisa en la comisaría, denunciándole. En el momento de ratificar la denuncia ante el juez, Luisa se negó, al amparo de la ley que faculta a un familiar directo a no declarar contra éste. Contada la historia, te planteo el problema, Javier: muchos juzgados de violencia doméstica están alarmados ante el absentismo de las mujeres llegado el momento de declarar contra sus parejas. ¿Hay que modificar ese artículo? Se preguntan ya muchos fiscales ¿motivos de absentismo? La economía doméstica. El legislador, con buen criterio, decidió proteger a la mujer endureciendo la ley contra sus agresores. El legislador no pensó que metiendo en la cárcel al hombre dejaban a la mujer sin sustento económico. La mujer piensa en un primer momento vale, muy bien, denuncio porque la justicia me apoya. Pero luego, formulada la denuncia, reflexiona y se pregunta: ¿de qué viviré yo, con mi pareja en la cárcel? ¿Pasa lo mismo en Estados Unidos? ¿Será verdad, Javier, que en todos los países se legisla sin pensar en las consecuencias colaterales de lo legislado?

Yo creo, José, que hay una diferencia enorme entre lo que ocurre allí y lo que ocurre aquí debido sólo a un dato puramente estadístico: en Estados Unidos, uno de cada dos matrimonios termina en divorcio. En España, uno de cada diez termina en divorcio. Aquí las parejas se separan antes de que él pegue o ella denuncie. No digo que esa tasa de divorcio sea enteramente positiva, porque crea una estela de niños criados en familias rotas: un millón de niños contempla cada año la separación de sus padres. Seis de cada diez niños que nacerán hoy mismo en Estados Unidos crecerán con sus padres separados. Esa carencia, esa infancia dividida, tiene también consecuencias sociales: si revisamos, José, un anuario publicado hace unos días por el Departamento de Justicia, verás que la gran mayoría de los delincuentes juveniles proceden de familias con padres divorciados. La gran mayoría de los presos en el corredor de la muerte crecieron en un núcleo familiar roto.

Pero me pregunto si lo que ocurre en España no será un lastre de nuestra herencia católica. Los mismos que hoy se oponen al matrimonio gay son los que no hace tanto tiempo clamaban al cielo contra la Ley del Divorcio porque era un pecado mortal. Si hubiera más divorcios en España, si el concepto de la pareja o el matrimonio no estuviera lastrado en algunos lugares por el reparto machista de los papeles, ¿crees que habría tanta violencia doméstica?

Un tópico menos

El peor vicio al que puede sucumbir un corresponsal (está bien: uno de los peores) es creer que su trabajo consiste en reafirmar los tópicos sobre el país en el que temporalmente reside. Desde el primer día en el que trabajé desde aquí comprobé que existía un flujo incesante de propuestas desde la SER y El País para escribir sobre pena de muerte, posesión de armas, obesidad, conservadurismo, etc. Me resisto siempre que puedo. Por eso me gusta traer al blog este informe del FBI (cuidado que pesa: son 538 páginas) que sirve para empezar a destruir otro de los mitos rancios sobre la sociedad estadounidense. El número de delitos graves –especialmente los cometidos con armas de fuego- ha descendido al menor nivel de los últimos casi 40 años. Paradójicamente, no tiene que ver con el número de armas en circulación sino con la edad de la población: este país también envejece y la gente mayor delinque menos.
Cuidado que yo no he dicho que los datos sean buenos (los números de delincuencia juvenil son aterradores) ni he defendido la circulación de armas por los domicilios privados. Que luego se me acusa de una cosa y de la contraria.

Demasiado negra

¿Será verdad que Vanity Fair ha blanqueado a Beyoncé Williams en su portada porque la sociedad blanca de Estados Unidos prefiere blancos en la portada de sus revistas? ¿Será verdad que la última vez que Vanity Fair sacó a un negro/a en portada fue hace 12 años (Tina Turner)?

¿Será verdad lo que dicen algunas asociaciones afroamericanas, que la prensa sólo quiere negros en portada cuando son delincuentes? (Recordatorio: se acaban de cumplir 10 años desde que la revista Time reconoció haber ennegrecido a O. J. Simpson para que pareciera aún más negro. Newsweek publicó la foto original)

Consumir

Cartas con Martí es una sección semanal en A Vivir Que Son Dos Días. Uno escribe y otro responde. Aunque pretendemos ofrecer dos perspectivas distintas de un mismo asunto, Martí y yo solemos coincidir en casi todo. Por eso la esencia de esta sección no está en lo que nosostros decimos sino en lo que vosotros pensáis.

Este es el texto que le he enviado esta semana. Su respuesta aparecerá en su blog.


Hola José. Leo en el New York Times un artículo firmado por un periodista en Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos. Dice que el Ramadán ya no es lo que era. Que en los países árabes más ricos, como ese, el mes sagrado de oración y ayuno ha pasado a convertirse en el mes del consumo. Están las rebajas del Ramadán, las ofertas del Ramadán, los horarios extendidos por el Ramadán, para que la gente pueda comprar y comprar en las tiendas. Y dice uno de los entrevistados que aquello empieza a parecerse a lo que nosotros hacemos con la Navidad: convertirlo todo en una fiesta de consumo.

Leo también en una estadística de Naciones Unidas que el 20% de la población mundial –los que vivimos en lugares desarrollados como España o Estados Unidos- gastamos casi el 90% del dinero que se mueve cada año en consumo privado. El 20% más pobre tan solo representa el 1,3 por ciento del consumo anual.

Al mismo tiempo, los economistas nos dicen que el consumo es la base de la economía moderna. ¡Que el dinero se mueva! Me dicen que en España se compra y se gasta como nunca. ¿No será quizá porque tapamos con el consumo de cosas pequeñas la depresión por no poder comprar cosas grandes, como una casa?

Hace 400 años, Shakespeare dijo que el consumo es una enfermedad incurable. Yo la sufro. Pero ¿quién soy yo –que tengo una Playstation Portátil- para pedirte a ti –que no tienes teléfono móvil- que me expliques las razones por las que muchos nos vemos obligados a gastar y a comprar?

Un abrazo.

Ver carta de respuesta de José Martí Gómez

El invento del siglo

Sus creadores montaron una de las campañas publicitarias más enigmáticas. Lo presentaron como el invento que revolucionaría la vida en el siglo XXI. Cuatro años después, el (¿la?) Segway no parece haber cambiado mucho nuestro estilo de vida. Amazon ha bajado el precio a 3.995 dólares y la empresa fabricante ha empezado a alquilar su tecnología de movimiento por giroscopios a fabricantes de juguetes como Wowwee o a empresas que quieren poner en el mercado productos tan futuristas como motos de una sola rueda.

Red leafAquí, en Washington, se ven de cuando en cuando, pero conducidas principalmente por turistas. Hay varias empresas (como SegsintheCity) que las alquilan para “pasear” cómodamente por la ciudad, a 50 dólares la hora.

Hay también un festival anual de usuarios de Segway. Los creadores prometieron que era imposible caerse de una Segway. Eso era publicidad engañosa, como demostró el presidente Bush.

¿Cuántos muertos son muchos?

Ya sabemos que las portadas de los periódicos de los domingos están dibujadas con tiempo y responden con más torpeza a la actualidad del día. Pero llama la atención que el New York Times –tan crítico con la parsimonia de Bush en su respuesta al Huracán Katrina- haya sido tan lento en su respuesta a la cobertura del terremoto en Pakistán. Estas tres imágenes son de la primera y la úlitma edición del domingo y la de hoy lunes. El número de muertos apenas variaba. A juzgar por el espacio, “más de 18.000 muertos” en la tarde de un sábado valen tres columnas menos que “en torno a 20.000” en la tarde del domingo.

Red leaf


Un lector del blog me dice en un mensaje que cadenaser.com abría con el fútbol en la noche del sábado y relegaba el terremoto a segunda posición. Lo preguntaré.

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