Un médico, un abogado y un matemático están hablando de si es mejor tener una esposa o una novia.
Empieza el abogado:
- Lo mejor es tener una novia porque divorciarte de tu mujer puede ser muy difícil. En cambio, cortar con una novia es fácil.
El doctor dice:
- No, no. Está claro que tener una mujer te evita el estrés y mejora tu salud.
El matemático dice:
- En realidad lo mejor es tener las dos, así consigues que la esposa se crea que estás con la otra, la otra se cree que estás con la esposa, y mientras tanto tú puedes dedicarte a lo que realmente te interesa: hacer teoremas.
Lo tomamos con humor, pero en las relaciones de pareja las matemáticas también tienen mucho que decir. El enigma matemático que hemos propuesto en mayo en ‘Hoy por Hoy‘, por ejemplo, es el clásico problema de “los tres maridos celosos”.
Seguramente no somos conscientes, pero hay muchos conceptos matemáticos, tanto geométricos como numéricos, que están presentes en las relaciones. Hablamos de triángulos amorosos, del tamaño del pene o de los senos (y no precisamente del seno matemático). También podemos determinar el ángulo de una erección, contar el número de encuentros sexuales que se pueden tener en una misma noche o a lo largo de una vida, y, al referirnos a posturas, siempre nos acordamos del 69.
Pero hay más. A lo largo de la vida, una persona puede conocer a cientos o miles de personas y todas ellas son potenciales parejas. Obviamente, hay que discriminar y tomar decisiones, siempre teniendo en cuenta que si nos precipitamos podemos perder mejores opciones, pero que no debemos dilatarlas demasiado si lo que queremos es estabilidad. Es problema es un viejo conocido y se muestra en diferentes versiones. A veces se le denomina problema de la secretaria; otras, aparece como el de la dote de la hija del sultán o el juego del gúgol (sí, este problema es el que dio nombre a Google). Las fórmulas que intervienen son complicadas, pero hay algunos atajos.
A la hora de elegir pareja, las técnicas de la Teoría de Juegos, por ejemplo, pueden resultar de gran ayuda. En la película ‘Una mente maravillosa’, sin ir más lejos, Russell Crowe, que interpretaba al matemático John Nash, proponía un curioso método de ligar maximizando el bien común. Hay agencias de encuentros, en cambio, que prefieren utilizar un algoritmo conocido como el del ‘matrimonio estable’, propuesto por el matemático David Gale.
Pero si queremos una respuesta más concreta, hay que atender a la profesora de la Universidad de Sidney, Clio Creswell. En su libro “Mathematics and Sex”, se pregunta: ¿a cuántas personas debemos conocer, como mínimo, antes de elegir a la pareja definitiva? La respuesta, según ella, es 12. Es decir, la mejor estrategia consiste en elegir como pareja a la siguiente persona que “mejore” a esos 12 pretendientes. El “mejor” podría ser el 13, el 20 o el 99. Un interesante método de “ensayo y error” del que Creswell afirma que garantiza más de un 75% de éxito. Funcione o no, lo bueno es que mientras aplicamos este experimento estaremos entretenidos. Disfruten.
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- Cosas que no sabías sobre el sexo y el emparejamiento humano(I)


Supongo que la vida nos enseña desde que somos pequeños, pero quienes andamos mirando el aun remoto horizonte de los 60, sabemos que no nos enseñaron todo, ni lo hicieron bien. Los padres seguramente no supieron como hacerlo porque nacieron en la década maldita de los 30. Con sobrevivir siendo niños y aprender del terror de una guerra y las necesidades infames de la post guerra, hicieron bastante. Su cultura quedó restringida a la capacidad de buscar un trabajo, someterse a sus jefes y perpetuarse en esa labor hasta la jubilacion. Los maestros de entonces casi pasaron desapercibidos para aquellos niños de los 40 y despues, con el paso del tiempo llegó la que considero mi generación. Casi podría repetir los mismos argumentos para el caso que afectó a niñas y niños de los años 60 y 70, donde el autoritarismo de los maestros y curas fue bastante destacado. Tras leer el comentario de cabecera no he podido evitar alguna sonrisa, pero tambien alguna amargura, por que, como pienso, no fuimos bien enseñados en algo tan importante como es la convivencia con la persona que nos acompañará tras el compromiso matrimonial. Hoy las cosas son muy diferentes y el conocimiento camina de la mano de la educacion y la cultura, pero tambien al lado de una libertad inimaginable hace solo 30 años. El hilo de esta cuestion es tan plural como las personas que opinen de ella. Puede que a cualquier chica le apetezca estar bien enterada de lo que un chico puede ofrecerla, y viceversa, no solo en el apartado sexual, que en la juventud es un punto destacado, vivo, si no en lo relativo a los proyectos de cada cual de cara a vivir juntos. Por eso las opciones en ese periodo deberían ser tan abundantes como cada cual se exija a si mismo o al posible compañero, o compañera. El fracaso matrimonial no tarda en aparecer, suele manifestarse entre los primeros diez meses o los primeros dos o tres años. Si para entonces no hay hijos en la pareja, lo normal es que sean tan inteligentes como para pactar su divorcio y seguir cada uno por su lado. Pero a veces ese caso no se da por cuestiones de temor al otro y entonces suele aparecer algo que llamamos resignacion. La separacion tiene que ver con la falta o ausencia de afecto y otras deficiencias. En el caso que cito resignarse equivale a amargarse la vida. Lo malo es que corren tiempos complicados para tomar decisiones tan radicales como el divorcio, por muy civilizado y amistoso que sea. Tal vez quien lo consigue, por supuesto dependiendo de la edad que se tenga, se lo piense mucho antes de volver a elegir otra pareja. En cualquier caso creo que existe un efecto invisible que tiene varias facetas. Al principio se le llama flechazo, enamoramiento a nivel mas hormonal que otra cosa. Es muy activo y cuando es compartido suele equivaler a estar en el paraiso, aunque solo dure unos meses tan solo. Mientras la convivencia se mantiene, el efecto invisible puede llamarse de muchas maneras y coexiste el espiritu de lucha y de sacrificio para que todo siga. Cuando el tiempo y el desgaste emocional daparecen, todo deja de tener sentido, por su esterilidad. Entonces el efecto invisible nos recomienda algo que llamamos meditacion, reflexion. Para entonces, cuando decidimos pasar página en solitario, es cuando hemos aprendido muchas cosas, aunque quizá sea demasiado tarde. O no, ¿quien sabe? Por lo tanto mi comentario es que cuantas mas personas oonozcamos antes de comprometernos a convivir, tanto mejor. Cuando la edad avanzada aparece es mas dificil tomar ciertas decisiones radicales y complicadas.
Es curioso. El otro día, en el programa de Punset, un especialista en estadística afirmaba que la probabilidad de éxito se optimizaba quedándose con la mejor después de 37. Una linea teórica un tanto más promiscua, supongo.
Clemente, a lo que te refieres será al problema “de la dote de la hija del sultán” http://mathworld.wolfram.com/SultansDowryProblem.html que es bastante conocido.
Los argumentos (que no los cálculos) usados para resolver ese clásico son similares a los de Creswell.
Pero no se trata del mismo problema y tampoco tiene la misma solución. Gracias por El comentario.