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La utopía de la izquierda

El estruendo electoral ha relegado estos días el nacimiento de la Nueva Caja Rural de Aragón, la integración de Multicaja y Cajalón con cinco mil millones de euros de activos; la elección de un aragonés, Javier Ferrer, como presidente de la patronal española del Metal -el sentido común aragonés está de moda, añadan al de Ferrer los nombres de Amado Franco, vicepresidente de las cajas de ahorros, Manuel Teruel, presidente de las Cámaras de Comercio e Industria, Jesús Morte y Aurelio López de Hita, vicepresidentes de la CEOE, todos ellos en puestos relevantes de las cúpulas financieras y empresariales nacionales-; y ha dejado de lado también el más que esperanzador dato del paro en mayo, mes en el que se espera una significativa caída en Aragón y en España.

Probablemente, la mejoría de las cifras del desempleo es una de las razones del ganar tiempo de Zapatero ante la marea azul del 22-M, tras el descalabro socialista motivado por el rechazo al presidente y sus políticas. Zapatero, que tiene el crédito agotado desde hace tiempo, ha arrastrado en su caída a ayuntamientos y comunidades autónomas, incluido el de la quinta ciudad de España que está en un sin vivir, precisamente cuando está en puertas del examen para ser capital cultural europea en el 2016 con la utopía como bandera.

Al alcalde de la capital aragonesa, Juan Alberto Belloch, no le va a quedar más remedio que remangarse para alcanzar la utopía de un acuerdo con los partidos de la izquierda, con Chunta Aragonesista e Izquierda Unida. Un pacto que va a poner a prueba la generosidad de la izquierda para anteponer el deseo mayoritario de sus electores a sus cuotas personales y que, con toda seguridad, se llevará por delante los grandes proyectos para fijar la prioridad en los pequeños y en el día a día de los ciudadanos. A pesar del fuerte retroceso socialista, los tres partidos de la izquierda le han sacado más de nueve mil votos al PP en Zaragoza.

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