Mientras el Barça sentenciaba anoche la liga, casi anestesiando a sus rivales antes de golearles, el fin de semana ha sido una borrasca de errores para el entrenador del Real Madrid, José Mourinho, a quien su Presidente, como os advertí el viernes, le defendió de manera incondicional y exagerada en ese acto con los socios del sábado. Entiendo que lo hiciera, y os advertí que lo haría, pero yo no le creo. Mourinho ni agradeció ni entendió las palabras de su Presidente, que sólo sirvieron para envalentonarle hasta el punto de mandar llamar a un periodista y encerrarlo en su despacho para intentar humillarle con insultos delante de sus colaboradores. El  Presidente le señala como el mejor entrenador del mundo y él contesta con una actuación que es digna de los Soprano.

En la rueda de prensa de ayer Mourinho estuvo correcto y educado, como no suele estar casi nunca. Pero lo que más me llama la atención es con qué facilidad se le señala como un gran entrenador, incluso el mejor dicen algunos. ¿A qué equipos ha ascendido?. ¿A cuáles libró del descenso?. Sólo ha corrido con coches buenos a los que añade una lista de mejoras costosísimas. Psicológicamente es un desastre, el entorno lo incendia hasta arrasarlo. Se marcha siempre de malas maneras y el equipo que deja suele quedar arrasado. Puede que sea un buen capataz para una obra. Pero de un gran entrenador yo espero algo diferente a lo que ofrece Mourinho.