Quizá uno de los críos que ahora llevas al colegio lleve algún tiempo alterándote la paz con el insiste de que le gustan las motos y quiere una. A mi me pasó, y me dio pánico y esperé a que se le pasara la obsesión, que para mi fue como el paso de una mala fiebre que me costó sudar y padecer. No sé si les pasaría algo parecido a los padres de Jorge Lorenzo y Marc Márquez, sé que el de Jorge Lorenzo casi fue él quien le inoculó la pasión por las motos y anoche me contaron que en casa de Marc también les apasionaban las motos. Les admiro y me alegro que sus hijos ocupen esta mañana las portadas deportivas en los periódicos, porque los dos se han proclamado Campeones del Mundo en las dos máximas categorías. Admirable. De nuevo el deporte nos viene a socorrer en plena depresión económica. Las motos es un deporte caro, muy caro y muy sacrificado. Imagino los esfuerzos de esos padres llamando a puertas buscando oportunidades y patrocinadores para sus hijos. Imagino viajes en condiciones difíciles, caídas, sufrimientos, desengaños, miedos. Hasta llegar un lunes como éste en que el mundo les sonríe de un meridiano a otro y les reconoce como los mejores del mundo sobre una moto. Exactamente lo que ellos soñaron después de tantos sacrificios de sus padres, por eso esta mañana, después de que hayan recibido tantas felicitaciones nuestros campeones del mundo, quería felicitar a sus padres, por todo lo que esperaron, por todo lo que sufrieron: Felicidades, sus hijos lo merecen, pero ustedes también.