De mañana en adelante, 9 días seguidos con fútbol. Dos jornadas de liga el sábado y el domingo, el partido del lunes, martes y miércoles la Champions, el jueves la Europa Liga, el viernes se adelanta el partido del lunes posterior para que la Selección pueda concentrarse ese lunes, el sábado de nuevo la jornada de liga que acabará el domingo 7 con el Barça-Madrid y el Atlético de Madrid-Málaga.

El calendario es un poco trepidante, no sé si dará tiempo a metabolizar las emociones, los desencantos, las ilusiones y quizá sea mejor así, porque mientras nuestro cerebro masca las alegrías  y los desencantos del fútbol, según suban o bajen por los toboganes del destino, nuestras preocupaciones por el paro y la economía estarán anestesiadas o al menos narcotizadas.

A mi el fútbol me gusta apasionadamente, pero como todas las pasiones, me gustan un poco más espaciadas, necesito necesitarlas. Todo lo justifican con un calendario apretado y la falta de fechas para que la Selección pueda entrenarse. En otras circustancias los más puretas y humanistas pondrían el grito en el cielo ante esta cascada de partidos de fútbol a diario, pero en estos tiempos cualquier analgésico del alma se agradece, y el fútbol ahora es eso: un analgésico para las preocupaciones.