Me levanto esta mañana con los recuerdos agradables de “El Larguero” de anoche, porque después que el Madrid ganase en Vallecas y el Sevilla en Riazor, recibimos al Campeón del Mundo de los pesos medios, Sergio Maravilla, un boxeador argentino afincado en España que habla como si fuese un profesor de literatura; pero es que antes estuvo Kanouté, que esta noche organiza un partido junto a UNICEF en Sevilla, para recaudar fondos por Africa, y es conmovedor comprobar lo involucrado que está con esa gente que sufre una crisis de supervivencia desde sus orígenes, porque allí falta lo imprescindible, incluido el agua, y que nunca han tenido un cinturón que apretarse, porque ni siquiera tenían pantalones. Y Kanouté, al que la providencia le dotó de cualidades fantásticas para ser el gran futbolista que ha sido, nació en Francia, pero eligió jugar con  la Selección de Mali, el país de su padre y sus antepasados, y cuando  Europa le convirtió en una estrella privilegiada, nunca perdió de vista las necesidades de Africa, especialmente en Mali, donde ha creado la Ciudad de los Niños, un poblado en las afueras de Bamako donde va recogiendo niños huérfanos a los que intenta mantener y educar. Escuchándole explicar lo que es aquello, aquellos niños, sus miradas de cariño  y  agradecimiento, te sientes un estúpido privilegiado que desconoce las medidas reales del valor y el precio, de lo importante y lo necesario. De cerca, Kanouté despierta admiración, habla despacio y te mira con profundidad. Es una mirada tranquila, porque se le nota feliz con lo que hace, quizá porque uno es feliz en la medida de lo que da.