No quisiera amargarte el café, sólo pretendo arrancarte un pensamiento a modo de plegaria en memoria de un ciclista, Víctor Cabedo, que murió ayer cuando entrenaba por una carretera de Castellón próxima a la casa de sus padres, y un coche le embestía de frente lanzándole al barranco que bordeaba esa carretera. Tenía 23 años y soñaba con triunfar en el ciclismo, y por eso vivía y en eso se esforzaba y por eso se entrenaba, y una suerte encanallada lanzó su vida a un barranco. El ciclismo es uno de los deportes más duros y peligrosos en el que el índice de éxito y de gloria es mínimo y se reparte entre muy pocos, mientras el esfuerzo, las penas y el sufrimiento se reparten entre todos  casi por igual.

Los periódicos de esta mañana dan la noticia como una esquela entre los titulares de la victoria del Barça anoche en el Camp Nou frente a los rusos del Spartak, el mismo resultado y de forma muy parecida a la del Madrid ante el City la noche anterior. El Valencia no tuvo ninguna opción en Munich, porque el Bayern  fue superior.

El fútbol continúa esta noche con esos partidos de la Europa Liga, pero esta mañana quiero pedirte ese momento dedicado a Víctor Cabedo, soñaba triunfar en el ciclismo, y le durmieron el sueño.