Es posible que ese fútbol de la Champions, que comienza esta noche, como primeras señales de otoño y de que el calor se irá pronto, pues también sea un reclamo y un aliciente y alivio para encarar el día de trabajo que ahora comienzas. A mí, esta noche me emocionará ver al Málaga debutar en la Liga de Campeones, con ese equipo de conquistadores abandonados por no se sabe quién, pero que se sienten obligados y motivados por una ciudad que les empuja  y que nunca les abandona  y que sueña con su éxito hoy frente a los rusos del San Petesburgo, que pertenecen también a un oligarca ruso del gas, pero que tienen mucho menos apoyo social que el Málaga.

Me provoca curiosidad el Madrid que alineará esta noche Mourinho, al que ayer escuché mucho más comedido y recatado, especialmente con sus jugadores, quizá porque sabe que el futuro de ese club, incluido Mourinho, a corto plazo  lo  van  a  decidir esos jugadores a los que él ha intentado motivar zarandeándolos en su orgullo, sin mucho éxito, por cierto, porque cuando zarandeas las autoestimas con despotismo, más que motivar, atemorizas  y  el  miedo mezcla mal con el talento.