Tengo interés y curiosidad por escuchar esta noche en “El Larguero” a Vicente Del Bosque, porque me ha resultado admirable cómo ha lidiado las críticas después del primer partido de la Selección. Ha aguantado con serenidad  y respeto todas las opiniones contrarias sin aspavientos ni respuestas envenenadas, ni encastillándose e intoxicando a los jugadores contra la prensa. En el Mundial que ganó en Sudáfrica, también los primeros pasos fueron con tropezones, y tampoco perdió las formas. Y es que  eso es lo que diferencia  a Del Bosque de anteriores seleccionadores (y no incluyo a Miguel Muñoz ni a Camacho), pero sí a los demás, que cuando se sentían criticados, atrincheraban a la Selección contra la prensa, y aparecía una neblina espesa de mal rollo y peor ambiente, que aún lo complicaba todo un poco más, y eso disminuía mucho el estado anímico de los jugadores, que sentían una presión y un agobio más fuerte.

El puesto de seleccionador es el más discutido, porque la Selección es de todos, la disfrutamos y la sufrimos todos, e importa a todos, con lo cual todos opinan de ella. ¿Y por qué no?. Así debe ser, y el seleccionador tiene que entender esa cascada continua de opiniones que son críticas cuando el resultado es malo y que son alabanzas cuando gana. Todo se exagera en torno a la Selección, la alegría y los desencantos, y Del Bosque lo sabe, y se le ve preparado para ello. De su entorno familiar y de amistades le habrán llegado ya infinidad de comentarios e interpretaciones de todo lo que se ha dicho y escrito sobre él. No se le nota ninguna mala predisposición, como sucedía antaño con sus antecesores, y eso que gana él, y eso que gana la Selección y nos beneficia a todos. Aquellos ambientes de guerra civil alrededor de la Selección de hace unos años, se hicieron insoportables, y nos hicieron mucho daño a todos. Del Bosque tiene derecho a perder la Eurocopa, pero no debería perder la paciencia. Necesitamos su ejemplo de tolerancia más que la Eurocopa.