Es asombroso el servicio anestésico y narcótico que está haciendo el deporte en nuestro país. Los más vanguardistas dirán que es una adormidera o un opio del pueblo, pero cada pueblo es libre de elegir sus preocupaciones y despreocupaciones, y usarlas según lo consideren oportuno, porque el cerebro cada uno se mantiene el suyo, por tanto cada uno lo usa según el mantenimiento que le da. ¿Nos interesa más la economía que el deporte?. Lo dudo. ¿Nos preocupa más la economía que el deporte?. Estoy seguro. Pero entendemos más de deporte, de neumáticos, de defensa en zona, de alineación con 9 o sin 9, que de rescates financieros y primas de riesgo. Discutimos con más ahínco las explicaciones a Del Bosque que a Rajoy. Entendemos más las bolas mojadas  de Djokovic en el Roland Garros, o la degradación de los neumáticos de Alonso o los triples de anoche en el baloncesto, todo eso lo discutimos con mayor conocimiento y mejores argumentos que la economía de todo un país  donde se está discutiendo nuestro futuro.

Ahora mismo tenemos razones y argumentos para explicar por qué podemos ganar la Eurocopa de fútbol, o el Mundial de Fórmula 1, o el Wimbledon de tenis, o las medallas en los juegos, porque o bien nos lo han explicado mejor o lo entendimos más fácil. Pero no sabemos si nos han prestado un dinero para reforzar nuestros bancos o nos han hipotecado el futuro de varias generaciones. Quizá porque no quisieron explicárnoslo, quizá porque no nos preocupaba, quizá porque al sistema le venía muy bien que nos preocupase más el deporte. Pero eso no puede hacernos sentir embrutecidos o pastoreados hacia la pasión del fútbol o del deporte, porque está claro que eso sí ha funcionado, y nuestra juventud ahí sí ha respondido, es en lo único que podían responder, en el deporte. En planificarles un futuro mejor, en que tengan la oportunidad de trabajar en lo que han estudiado, eso es responsabilidad de los que ya no hacen deporte, fracasados que buscan la foto junto a los deportistas triunfadores.