De todos los personajes del deporte a los que escuché y con los que conversé ayer, me quedo entusiasmado con David Ferrer, que ganó a Murray y va a jugar con Nadal mañana la semifinal de Roland Garros. Fue divertido escuchar el pasotismo  natural de Javi Martínez en la concentración de España en Polonia, cuando le preguntamos por la prima de riesgo y dijo : “no sé…pero ahora me pillas”  como si se  estuviese examinando.

Me gustó la elegancia de Pablo Laso, el entrenador del R. Madrid, después de perder en el último segundo contra el Barça  anoche en Barcelona el primer partido de la final de la  liga al mejor de cinco, y la ilusión de Anquela, el entrenador del Alcorcón que empató anoche en Alicante con el Hércules, antes que el Córdoba empatara sin goles con el Valladolid,  en los primeros partidos de semifinales por el  ascenso a primera. Pero la sencillez natural de David  Ferrer , el sexto mejor jugador de tenis del mundo, es admirable. Hace años, cuando era un niño, me escribió una carta diciendo que quería ser tenista y que alguna noche le entrevistaríamos en “El Larguero”. Anoche fue una de ellas, una más después de una gran victoria frente a Murray, pero la misma sonrisa, la misma educación, me dijo que mañana frente a Nadal hará cuanto pueda, pero que Rafa es el mejor jugador de la historia, y que además es su amigo, y están en el mismo hotel y hoy jugarán un partido a la Play Station. La misma humildad en el mismo niño que se hizo hombre y se convirtió en el jugador de tenis que tanto soñó. Me alegré muchísimo, porque David Ferrer  nunca había logrado alcanzar las semifinales en Roland Garros, aun estando entre los 6 mejores del mundo, y ayer lo consiguió, y me alegré porque hay gente tan buena de verdad, que se merecen todo lo bueno que les pase, y David Ferrer es uno de ellos.