Será un día un poco deprimente para  las  gentes de Gijón  y  Villarreal, que ayer vieron a sus clubs de fútbol despeñarse a 2ª división. Les deseo un regreso a 1ª lo antes posible, porque un descenso es un manto de tristeza para una ciudad que ve su nombre dejar de aparecer entre los partidos importantes en televisión, y cómo se daña su hostelería  y  su  exposición mediática. Consecuencia de esa pena es la alegría de otras ciudades como Zaragoza, Granada y Vallecas en Madrid que conservan la categoría y seguirán invitados a la mesa de los importantes del fútbol, donde se reparte el botín.

Fue una noche de contrastes estremecedores. Al tiempo que marcaba el Rayo el gol de su salvación, casi en el tiempo de descuento, marcaba Falcao para el Atleti el gol que hundía al Villarreal en 2ª. Después los contrastes continuaban cada vez más distantes. Mientras Plácido Domíngo cantaba el himno del Madrid en el Bernabéu, el consejero delegado del Villarreal, José Manuel Llaneza, daba explicaciones en televisión con ojos llorosos, gesto demacrado y voz entrecortada. Te parecerá una exageración, pero un descenso en el fútbol te cambia la vida, te convierte el club en una ruina, cuando antes era una fábrica de ilusiones.

Ahora, intuyo, que comenzarán las sospechas y suspicacias de algunos porqués y de lo que pudo ser y no fue. Se pasará el nublado y la Eurocopa de junio  nos devolverá otras ilusiones y nos cargará con otras preocupaciones.

Cayó el telón de la liga, pero el fútbol y la vida continúan, compañero, aunque tu equipo esté en 2ª. Al fin y al cabo, los fracasos son el condimento que dan sabor a las victorias.