Escribo desde Barajas, entre una nube de aficionados y políticos de la capital que se desplazan ahora en un vuelo chárter hacia Bucarest, donde esta noche los dos Atletis  juegan la final  de la Europa Liga. Viajan entusiasmados los seguidores incondicionales y habituales del Atleti. Más  formales los políticos de la Comunidad y el Ayuntamiento, que se saludan con sonrisas de compromiso en esta mañana primaveral y soleada en Madrid.

Es un ambiente distinto a cuando la final la juega el Madrid. Ese viaje suele ser más oficial, y la alineación de autoridades suele tener más tronío y además casi todos se reconocen madridistas. En este viaje todos quieren que gane el Atleti, porque salimos de Madrid y son políticos de Madrid, y como les he visto muchas veces manifestándose como madridistas, ahora, cuando los veo en la facturación de equipajes, se justifican con una frase que me suena a limosna de ricos: “a mí siempre me ha caído bien el Atleti, eh?. Les falta decir: “pero soy del Madrid, claro”. Eso no lo dicen aquí, faltaría más. Son gente educada y políticamente correcta. En fin, que allá vamos… a Bucarest. Sea lo que Dios quiera esta noche contra el Athletic de Bilbao, y ojalá que Dios se deje influir más por S.Isidro que por San Mamés, cosa que dudo, porque también me temo que san Isidro fuese del Madrid y pase de convencer al altísimo de nada. Dicen que dejaba a los bueyes arando solos mientras él rezaba, como para decirle que vaya a influir al “Jefe” esta noche para el partido. Apuesto a que San Mamés ya tiene sus gestiones bien avanzadas. El optimismo nunca fue una cualidad atlética, por eso  las victorias nos dejan  ese  regusto  alargado que tienen  las  sorpresas.