Hace años, el baloncesto y sus jugadores, marcaban la diferencia respecto al fútbol y los futbolistas, en que los de baloncesto venían de colegios de pago, y traían  un  barniz cultural más brillante. Luego eso se igualó y desapareció, pero en los dirigentes la diferencia ahora es más profunda. La Copa del Rey de baloncesto se está jugando en Barcelona, y es un acontecimiento que solicitan muchos clubs y muchas ciudades. Les da prestigio y a la vez les resulta rentable.

La Copa de futbol aún no ha encontrado un estadio donde jugar la final. El Madrid se niega a ceder su estadio y alega unas obras que dice tener programadas desde hace meses. El Barça y el Athletic, como han visto que el Madrid se niega, insisten más. El Athletic  porque necesita un aforo grande para dar la posibilidad de presenciar la final a sus seguidores, y el Barça, además de eso, porque encuentra la manera de dar jaque al Madrid, poniéndole en una posición antipática y políticamente incorrecta.

Los más puretas  enseguida se han posicionado contra esa negativa del Madrid, que no deja de ser un  poco obtusa para el resto de seguidores, pero que están en su derecho, porque es su estadio, y posiblemente Florentino Pérez, en la obligación de respetar el deseo de sus socios.

Todo esto se habría evitado si hubiese una fórmula pactada y acordada desde comienzos de temporada, donde quedaran decididas las fechas y las sedes de la Final de copa e incluso los partidos de la Selección. Ayer, un compañero de la redacción, Mario Torrejón, le hizo precisamente esa pregunta a Villar, cuando sonreía bobaliconamente después de ser proclamado Presidente para otros cuatro años, y Villar, sin dejar de sonreír  bobaliconamente le contestó dándole un golpecito en el brazo: “a eso le responderé un día que tenga más tiempo”. Y posiblemente un día tenga más tiempo, pero más luces será difícil.