José Ramón de la Morena
Esta mañana me duelen esos casi ochenta muertos que se contabilizan esta mañana ya en Egipto, en esos enfrentamientos anoche en Port Said , junto al Canal de Suez, entre dos aficiones egipcias.
Port Said nos queda a 3.500 km, cuatro horas de avión, pero allí el fútbol lo viven en el estado de crispación, ansiedad y desencanto continuo que vive en ese país. Los egipcios han visto marchitarse todas las ilusiones que parecían florecer en la pasada primavera y parece como si todo ya les resultase falso, porque todo lo ven decepcionante, y el fútbol también, y cuando llega un equipo poderoso a una ciudad crispada con una afición exaltada, es previsible la explosión violenta. Más de 70 muertos en un campo de fútbol son una vergüenza para la humanidad. Son injustificables. No hay motivos…y si los hay son incomprensibles. El fútbol no puede ser escenario de sucesos así, por eso me parece acertado suspender la liga egipcia, aunque hubiese sido más acertado haber suspendido el encuentro en el descanso, cuando ya se atisbaba que el clima inflamado de violencia podría explotar en una tragedia como la que ocurrió. En Heyssel hace 26 años, en aquella final de la Copa de Europa hubo 39 muertos, y nos dolieron posiblemente más cerca, y nos juramentamos para que no volviese a ocurrir, pero los errores que no se corrigen, te condenan a repetir sus tragedias, porque la Historia es el mejor maestro para los alumnos distraídos.
En la Facultad, la teoría de la información nos enseñaba que un muerto en España es más importante informativamente que cien en la India, pero casi ochenta muertos en un campo de fútbol, aun a 3.500 kilómetros de España , son una vergüenza para el mundo, para esta humanidad que presume de tener cerebro con conocimiento racional.

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