Por José María Patiño - 14 octubre, 2012
A principios de los 90, un rubicundo y orondo periodista británico, con un pico de la camisa por fuera del pantalón, agitaba la sala de prensa de la Comisión Europea con preguntas sobre la regulación de los cepillos de dientes o el despilfarro de las ayudas agrícolas. Era Boris Johnson, actual alcalde de Londres y figura emergente de los Torys, que esta semana ha hecho palidecer la figura del primer ministro, David Cameron. El New York Times le define como una “estrella del rock” mezcla de Bill Clinton y Justin Biber. Curtido en los platos de televisión como tertuliano a su vuelta de Bruselas y embarcado después en política vía los gabinetes de comunicación, Johnson, perteneciente a la alta sociedad británica y educado por tanto en los mejores colegios universitarios, tiene un verbo fácil que ha desplegado en su discurso ante la conferencia conservador que apl
audió con entusiasmo los ataques al tradicional enemigo del otro lado del Canal de La Mancha. “Francia vive la mayor tiranía desde la época del terror en 1789” bramó Johnson, que utilizó el inicio de la Marsellesa: “¡Allons, enfants de la patrie!” para invitar al exilio fiscal a los franceses en Londres, donde ya residen 6 millones, como recuerda Le Figaro.
Es el estilo populista y demagógico que el Guardian define como “el retorno del Nasty Party” (Partido Asqueroso, en español). Cameron, con un perfil más moderado, tiene trabajo.
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