Por José María Patiño - 27 septiembre, 2012
El gobierno francés ha caído en la trampa de la austeridad al agarrarse al 3% de déficit público a finales del año que viene. Este es el sentimiento que se extiende a través de la poderosa prensa regional francesa. Jean-Marcel Bouguereau, en La République des Pyrénées, se pregunta si es posible continuar “pisando el freno al mismo tiempo que se reafirma el apoyo a la economía” e invertir la curva del desempleo en un año, tal y como se ha comprometido François Hollande. La salida, escribe el economista Xavier Timbeau en la revista Alternatives économiques, sería “retrasar el cumplimiento de déficit a 2014”. Pero ese retraso, argumenta Bruno Dive en Sud-Ouest, debería pedirlo el conjunto de los países de la zona euro con el apoyo de la Comisión. Lo contrario “sería una mala señal a unos mercados que nos prestan a tipos negativos”.
Hollande es consciente de que Alemania no aceptaría ese retraso colectivo, ni tampoco que Francia no asuma la vía virtuosa. De ahí que el Presidente francés se haya comprometido a sacar adelante el Tratado de Estabilidad que cocinaron Merkel y Sarkozy, aún a costa de echarse encima a la izquierda. Incluido sus socios de gobierno: los verdes, que no votarán a favor. Una postura irresponsable, a juicio de Jean Marie Colombani en las páginas del diario electrónico Slate.
Primero, porque se utiliza el argumento de que se vota “no” por europeísmo como sucedió con la Constitución Europea y el “no, no construye”, recuerda el antiguo director de Le Monde. Segundo, porque a Hollande le puede pasar lo que a Prodi. El primer ministro italiano fue tumbado por sus propios socios de coalición y su fracaso abrió la puerta a Berlusconi.
El Presidente francés no se encuentra en un buen momento, como analiza en su blog François Fressoz. El último sondeo señala una caída brutal en la popularidad de Hollande con un 56% de ciudadanos descontentos. Hombre al que no gusta imponer las decisiones echando mano de la autoridad, reflexiona el analista político, “debe evitar que su gusto por el compromiso sea percibido como una debilidad del poder presidencial” en un momento en el que Los Verdes se desmarcan de pacto presupuestario; varios “tenores” del gobierno contestan la autoridad del primer ministro Ayrault y, “en el Partido Socialista, el poder ha desertado tras la salida de Martine Aubry” de la dirección.
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