Por José María Patiño - 9 septiembre, 2012
El farero tiene que adaptarse a la nueva perspectiva. Aunque mire por el retrovisor y constate que hay polémicas similares que se reproducen a través de una Europa “en venta”. Madrid acoge con recelos el dinero procedente del desierto de Las Vegas y la prestigiosa región vitivíncola de Borgoña está indignada porque un millonario chino ha comprado unas tierras para elaborar su propios caldos. “¿Qué pasaría si un francés comprase una parte de la Gran Muralla?”, replica un indignado burguiñón en Le Figaro.
La venta parcelaria de Europa parece difícil de frenar, incluso para Mario Draghi. El gobernador del Banco Central Europeo se ha convertido en el héroe de una parte de Europa por su decisión de acudir al rescate de España e Italia frente al criterio alemán. Para el diario de la familia Berlusconi, Il Giornale, “Merkel baja la cresta”. Sin embargo, si leemos a Enric Juliana en La Vanguardia, la dureza de Merkel de inicios de verano fue consecuencia del cabreo alemán por la humillación frente a España e Italia en la Eurocopa. Una vez digerida la derrota, “la madeja se ha desenredado” y ahora, complementa José Ignacio Torreblanca en El País, debe “convencer, no imponer” en su país, donde goza de una enorme popularidad. El Süddeutsche
Zeitung destacaba tras su encuentro con Rajoy en Madrid la sitonía entre ambos que atribuye a su común origen: “una costa brumosa y humeda, alejada del ambiente festivo del sur, que les confiere un mismo temperamento político”. Es decir, que Merkel es como gallega. ¿De ahí sus eternas dudas?
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