
“¿Dónde está la izquierda?” se pregunta el politólogo Francis Fukuyama en una entrevista al semanario alemán Der Spiegel. El autor del “Fin de la Historia”, otrora inspirador de los neoconservadores, estima que los actuales excesos del capitalismo amenazan la democracia y que, sin embargo, las clases medias – los más afectadas por los desequilibrios- se ponen en manos de los líderes de la derecha que guardan una estrecha vinculación con el mundo de las finanzas. Fukuyama, claro, se refiere a los líderes republicanos y sus vinculaciones con Wall Street, pero cree que en Europa –cuya construcción, asegura, está en manos de las élites- se dejan también llevar por los partidos populistas de la derecha. De ahí que eche en falta “un Tea Party en la izquierda”.
The Economist echa un vistazo a la cuna de la socialdemocracia, Suecia, y titula sin rodeos: “En los vertederos, para referirse a la profunda crisis que vive el partido que gobernó el país durante 26 años y ha perdido las dos ultimas elecciones por no conectar con las clases medias. Su nuevo líder, Stefan Löfven, es un sin
dicalista del metal que debe contrarrestar a Los Verdes y al Partido de la Izquierda.
En el Reino Unido, por motivos opuestos, vuelve el ruido de sables al Partido Laborista. En un artículo en la revista The New Statesman, el antiguo ministro de exteriores con Tony Blair, David Milliband, alerta sobre una vuelta al “viejo laborismo” tras la resurrección de la “lucha de clases” que aplica su hermano Ed contra el sector financiero y con el que parece encantado el partido.
En un interesante artículo titulado “Diez ideas para salir de lo absurdo”, el escritor alemán Ingo Schulze sostiene en el Süddeutsche Zeitung que “la actual degradación de la democracia es consecuencia de haber despojado durante años a la colectividad mediante dos argumentaciones ideológicas que se han convertido en axiomas: todo lo que es público funciona mal y hay que privatizarlo y sin el crecimiento económico nada es posible”. A juicio de Schulze, las decisiones deberían volver a responder a las siguientes preguntas: “¿a quien sirve?, ¿a quien beneficia?, ¿es bueno para la colectividad?” La izquierda debe devolver a la sociedad el sentido común.
Primavera congelada
Los diarios occidentales buscan la explicación a la pasividad de la policía egipcia durante los enfrentamientos de hinchas en Port-Saïd. Henri Boulad, antiguo director del centro Jesuita en El Cairo, rechaza en Liberation cualquier teoría del complot o una maniobra de la junta militar. “El partido es una parábola de un país que ve como se hunde” en el caos. El ejecutivo y el parlamento recién elegido deben hacer frente a sus responsabilidades.
La inestabilidad de Egipto es uno de los factores que puede influir en la decisión que sopesa el gobierno israelí, analiza Los Ángeles Times. El primer ministro Netanyahu, apoyado por Edhud Barak, es partidario de la intervención militar frente a Irán para evitar el desarrollo del arma nuclear, pero, constata The Independent, la cúpula militar y los servicios de información se muestran muy reticentes.
Irán, de momento ha retomado el diálogo respecto a su programa nuclear con la Agencia Internacional de la Energía, según constata con recelo la prensa estadounidense. La decisión de Netanyahu podría tener lugar en primavera.
La crisis cantando
Las relaciones entre Grecia y Alemania no atraviesan por su mejor momento, de ahí el interés de la versión que de la ópera Aida se representa en Berlín. “Yassou Aida” –hola Aida en griego- es el título del espectáculo que respeta la música de Verdi pero qu
e se toma más libertades con un libreto que sustituye a la esclava etíope por Epida, una joven becaria griega en el Banco Central Europea, que se enamora de Rainer Mess, un directivo alemán de la entidad financiera tan brillante que es enviado a verificar que Atenas cumple con sus compromisos. E inevitablemente el drama se instala en su relación: Epida, estomagada por el populismo demagógico del ministro griego, acaba abrazando la ortodoxia del BCE, mientras que Rainer vuelve conmocionado: “Es el sistema lo que hay que cambiar, no Grecia” asegura a sus superiores que le despiden de inmediato. El argumento es más sutil de lo que parece y la obra, según Le Monde, es un éxito.
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