Semana 4: Finalistas
- Roquevalen
“Sobre el mantel”
Mi padre le quito las botas a un muerto. Nos lo contó un día comiendo, mientras hacía un montoncito con las migas del mantel. A él ya no le hacían falta, dijo. Yo me quedé mirando cómo arrastraba las migas con los dedos.Yo sabía que había ido a una guerra y que perdió, pero esto es todo lo que le oí contar.
- Joan Ferré Verge
“El mulo”
“Pom, pom, pom…”. Aquellos golpes secos y continuados salían de la pequeña casa de labranza situada entre las dos líneas de fuego. Leonardo llevaba varios días intrigado y quería averiguar quién o qué los producía. Pero no era tarea fácil ya que para entrar en la casita había que hacerlo forzosamente por la puerta que daba al bando franquista, estando al alcance de sus balas.Finalmente decidió entrar y en su interior se encontró con un mulo atado de la argolla del corral que estaba en la piel y los huesos. Una vez hubo acabado con la comida que le había dejado su dueño, la emprendió con el comedero de madera y luego con todo lo masticable que había a su alcance. Con el golpeo continuo de las patas había excavado un enorme hoyo en el suelo: “Pom, pom, pom…”.
- Wifredo Pozas Rancaño
El 6 de enero de 1936 los Reyes me trajeron una diminuta bicicleta .En julio de 1936 al día siguiente de la derrota de los mineros asturianos en Ponferrada mi padre, que era republicano, se trasladó con toda la familia a la aldea de San Pedro de Ollero, por temor a ser fusiladoSeis meses después mi madre y yo regresamos a Ponferrada y comprobamos que habían desaparecido todas las pertenencias de la casa, incluyendo mi bicicleta. Unos días después vi a un niño, hijo de un guardia civil, jugando con ella. Se la pedí pero no me la devolvió. Fui corriendo a ver a mi madre para que hablara con los padres del niño pero se negó, prometiéndome que me iba a comprar otra bicicleta más grande y más bonita..Mi madre nunca pudo cumplir la promesa, ni los Reyes Magos se volvieron a acordar de mí.
- Paula Gascón
“La caja de los peines”
El soldado cayó herido en la plaza, ella corrió hacia la casa, se dirigió al cuarto de atrás, abrió las contraventanas y buscó unas vendas. Una bala entró por la ventana, atravesó la caja de peines y la alcanzó mortalmente.La caja era de madera, tenía varias capas de pintura gris perla, en ella se guardaban peines, horquillas y redecillas de pelo. De niña jugaba con ella. De mayor, descubrí que en un lateral había dos pequeños orificios.El paso del tiempo, su uso y los juegos de los niños fueron haciendo mella, desvencijada, en una limpieza general de verano, fue a parar a la basura.-¡Pero abuela…! Me quejé.-Ya no sirve para nada, contestó.No se volvió a hablar del tema. Pero jamás olvidaré que la bala aquella sesgó la vida de mi bisabuela.
- Juan Ramón Rodríguez
Dando patadas a la lata. Así pasamos con padre por delante de los milicianos que controlaban la entrada al pueblo. En casa, madre nos esperaba con el pequeño. Costó trabajo abrir la lata, pero el pollo, aunque había perdido casi todas las plumas, nos supo riquísimo.Gracias madre por contármelo.
- Ángel Luis Rodríguez
- Uno, dos y tres… ¡dobles!
- ¡Has pisado, Rosita! – Exclamó Pili, que a pesar de ser su tía tenía casi la misma edad!
-¡No es verdad, no es verdad!
- Pues ya no juego más contigo.
Las dos niñas dejaron de jugar a la rayuela y se giraron hacia el siniestro edificio que tenían detrás. Desde una ventana con rejas, una mano se agitaba, frenética, desesperada por hacerse ver. Las dos correspondieron al saludo.
- ¡Hola mamá! – gritó Rosita.
- Celia Beatriz García Camarero
“Es agradable ir con mamá”
Veo a Mamá todos los días como cocina la comida para mi padre, luego, en tarteras, la va poniendo en una cesta de madera que tiene una tapa corredera que lleva escrito unos números muy grandes. Después de dejar recogida la casa se va a llevar a Papá el almuerzo, yo a veces la acompaño. Es agradable ir con Mamá a paso rápido por la carretera de tierra, que es la prolongación de nuestra calle que conduce al Penal de Burgos. A ambos lados viejos árboles en verano dan sombra con sus hojas, en invierno los rayos del sol atraviesan las ramas y se agradece el calorcito. Cuando llegamos a la cárcel Mamá deja su cesto de madera en una ventanilla y volvemos a casa con el mismo paso rápido. De la comida que guisa a Papá el olor a berenjenas estofadas que le hace, el olor a ajo y perejil machacado, dan un aroma profundo que dura un buen rato.
- Ángel Fabregat Morera
A principios de 1941. Joan Miralles, maestro durante la República y en libertad porque le avaló su hermano que era monje de la Abadía de Montserrat, se le ocurrió organizar una quema de libros subversivos para ganarse la simpatía de los vencedores y poder así, recuperar su plaza de maestro. Pero, en realidad lo que hizo fue poner las tapas de los ejemplares que iba a quemar en libros afines a la dictadura. Malogradamente, una página de un cuento fascista medio quemada llegó a los pies de un guardia civil. Por la tarde, le fusilaron en un muro del cementerio. Mi padre que tenía diez años recuerda que se le quedó una sonrisa de travieso.
- Miguel
“Fotografías antiguas”
Ese es tu abuelo. Mirando con atención aquellas dos fotografías, sí parecía él. En una estaba, de pie en el andén, al lado de una enorme locomotora de vapor, dando testimonio de que fue maquinista antes de la guerra. En la otra, más ajada y rota, se veía a mi abuelo al lado de una pared. Esta se la hizo en la cárcel, lo denunciaron los vecinos por rojo, me decía mi padre. Aquellas dos fotografías en blanco y negro eran muy antiguas. El abuelo hace ya muchos años que dejó de pasear su nostalgia por aquel andén y la cárcel ni siquiera existe, aunque parezca increíble la transformaron en un Centro de Arte. Un día fui a ver una exposición y me hice una fotografía.
- Asunción Cabrera Aránguez
“En el frente del Ebro”
En medio del matorral y la tierra reseca, los soldados republicanos desesperaban, por una ración de agua y alimento, en aquel mes de julio de 1.938.Uno de los camiones de intendencia se había quedado sin el chofer. Había desertado, aprovechando el alboroto a la hora en que se repartía el coñac, llamado “saltaparapetos”, que empujaba a los hombres hacía delante. El teniente se sentó al volante del camión abandonado y empezó a maniobrar. No tenía licencia, pero lo había hecho en otras ocasiones, se aprendía de todo en la maldita guerra. Pero esta vez se le fue el pie y derrapó varios metros. Una mujer embarazada lo encontró en su camino, perdiendo el niño que llevaba en el vientre. No volvió a coger un vehículo en su vida y, muchos años después, su hija le preguntó si había matado a alguien en la contienda. “Disparábamos sin mirar. Protegiéndonos”. Y se nubló su mirada.
- José Luis Sola Lahulla
“Seminario de Teruel”
En plena batalla de Teruel, sobre las diez de la noche de un día cualquiera, un muchacho se acercó corriendo a la trinchera que ocupaba un pelotón de militares, cuyo cabo le dio el alto. Detenido, manifestó que buscaba a José María para hacerle llegar un mensaje.-Yo soy, dijo mi padre- Procure no disparar a la ventana de Seminario contigua a la que está iluminada, respondió el chaval.-¿Y quién dice eso?- Su hermano Luis, que por su parte procurará no disparar sobre esta trinchera.Aquella noche supo mi padre donde estaba su hermano y, por supuesto, no hubo tiros en aquella zona. Hacía muchos meses que desconocían ambos hermanos sus paraderos.