28 junio, 2009 - 18:44 - Pcom_cadenaser
España ganó en la prórroga el partido del desgaste
Es malo el desgaste físico, la fatiga, el cansancio acumulado en las piernas, el que te deja sin fuelle para seguir moviéndote. Pero dicen que es mucho peor el desgaste psicológico, la sobresaturación, que paraliza todavía más los músculos y agarrota de igual forma el movimiento. No es difícil pensar que sea una mezcla de ambos la que explique el desenlace de la Copa Confederaciones para la selección española, que ha llegado esta tarde en Rustemburgo, con la victoria de los hombres de Del Bosque, por 3-2, a Suráfrica, con dos goles de Güiza, que fue suplente de inicio, y el de Xabi Alonso, que firmó la victoria en el tiempo suplementario.
Así que, como muchos pensarán (me incluyo), lo de menos es la medalla de bronce conseguida en un torneo menor (para los que estén esperando, lo era también antes de empezar y de que nos eliminaran en semifinales), ni siquiera es importante la sensación de desconexión del equipo a partir del minuto 10 de partido y durante casi todo el tiempo hasta el final del mismo. Es más práctico quedarse con la moraleja, la que dice que han sido doce meses de una enorme exigencia, un año (el que va de mes de junio a mes de junio) que ha resultado maravilloso para nuestro fútbol, en el que fuimos Campeones de Europa de selecciones tras casi medio siglo sin ganar nada, y en el que un equipo español ha conseguido la Champions después de imponerse también en los dos torneos domésticos en los que participaba.
Es normal que el seleccionador apele a la profesionalidad de los 23 futbolistas que se ha llevado a Suráfrica, para que no demostraran apatía ni desinterés ante el último partido antes de sus vacaciones, tratándose de un choque de nula trascendencia salvo para las arcas de la FIFA, (y los anfitriones, para los que sí era un premio ser terceros). Pero no sería justo sacar conclusiones de algo que ha estado a punto de suponer la segunda derrota consecutiva para España. Merece la pena ser benévolos con las circunstancias: un partido sin objetivo comprensible y con repercusión secundaria (o casi terciaria) en los medios, más tendientes a hablar de Ronaldo, Kaká, el culebrón de Villa y sus circunstancias; tras la sorprendente derrota del miércoles, y con mucho cansancio en las piernas y más todavía en la cabeza.
Se ha escrito mucho sobre las posibles conclusiones que se pueden sacar de la derrota frente a EE.UU. La más clara es que, ante un rival menor no valen confianzas, y que ese grupo (que, no nos olvidemos, nos ha regalado momentos de fútbol inolvidable en los últimos meses) puede volver a tener un mal día, y si llega en una eliminatoria directa del Mundial (para el que, recuerdo, nos tenemos que clasificar todavía) pues nos iremos a la calle. De esa lección hay que extraer las claves necesarias para intentar por todos los medios que no ocurra en un momento crucial, en la verdadera prueba de fuego, que será el campeonato del mundo. Y ya está.
Del partido de hoy tampoco podemos hacer mucha sangre, aunque sí se pueda indicar la endeblez en los balones por alto o lo poco que han intervenido los hombres de banda. Es justo darle a Güiza lo que es de Güiza y subrayar el buen desempeño de Xabi Alonso en la posición de mediocentro defensivo, pero poco más se puede rascar. Vendrán partidos en septiembre (antes uno intrascendente, amistoso, en Macedonia, el 12 de agosto) en los que habrá que sellar el pase al Mundial (contra Bélgica, en A Coruña, el 5 de septiembre; contra Estonia en Mérida cuatro días más tarde; y las visitas a Armenia el 10 de octubre, y a Bosnia el 14 del mismo mes). Luego quedarán ocho meses para llegar a junio y volver a cerrar el ciclo, y ya habrá tiempo de pensar en rivales, listas de convocados, bajas por lesión y descartes, y demás cuestiones. Mucho antes (desde este mismo instante), llega un periodo de descanso que se ha hecho merecido y necesario para todos. Empezando por ver la soñada final con Brasil desde una extraña mirada neutra.
