Rafael Nadal sigue coleccionando títulos a una velocidad de vértigo. Con el sexto Roland Garros conseguido ante su siempre admirado Federer, este joven mallorquín de 25 años acapara todos los focos y las portadas de todo el mundo. “Leyenda” o “Extraterrestre” son algunos de los calificativos utilizados en la prensa francesa o italiana, habitualmente reacia a los triunfos de los deportistas españoles. La figura de Nadal crece a pasos agigantados en todos los rincones del planeta a la vez que cada vez más abundan los debates sobre su papel en la historia del tenis. En España cada vez son menos los que ponen algún reparo a la elección del tenista como el mejor deportista nacional de todos los tiempos.

Los diez títulos de Grand Slam conseguidos le sitúan en una posición excelente para continuar la escalada al olimpo de los dioses. A seis títulos del suizo Roger Federer, es el segundo tenista más joven de la historia en alcanzar los diez galardones en los principales torneos del año. Es el tenista con más Masters Series de la historia y suma un total de 46 títulos. Nadal es el jugador más eficiente de la historia, el que cuenta con un mayor porcentaje de victorias (515 victorias, 107 derrotas) y el que ha conseguido ganar más finales disputadas de Grand Slam así como uno de los tenistas que más tiempo ha conseguido mantenerse en el número uno.

Ahora bien, lo que le convierte en un ser único es la extraordinaria capacidad de asimilar los éxitos que envuelven su figura. La humildad a la hora de afrontar las victorias y, sobre todo, su humanidad ante las derrotas le han convertido en el deportista diez y la persona perfecta. Con Nadal, todos ganamos. Es el ejemplo ideal para la sociedad de hoy, carente de valores que marquen el camino a seguir en los momentos difíciles. El esfuerzo, la solidaridad, el compañerismo y el respeto hacia los demás son conceptos intrínsecos al apellido Nadal. Un genio jugando al tenis y un humilde fenómeno de la vida.