Podría parecer ventajista, y hasta cobarde decir que pase lo que pase esta noche en el Madrigal, el Villarreal habrá hecho una temporada de ensueño. Hasta la fecha cuartos en la tabla, con pie y medio en la participación de la próxima Liga de Campeones, y semifinales de la Europa League, habiendo pasado por encima y como un avión a Nápoles, Leverkusen, y Twente entre otros.

Do Dragao dejó en evidencia las carencias defensivas del equipo. Las ausencias de Ángel, Senna, y sobre todo Gonzalo, ya han pasado factura a una plantilla corta, mermada por las decisiones de Garrido que, pese a haber realizado una extraordinaria temporada, no ha sabido administrar los cambios y dosificar esfuerzos.

El Madrigal se prepara esta noche para tratar de presenciar el partido más importante de cuantos haya disputado en su historia. Atrás quedó aquella semifinal en Champions donde un ídolo nacional y local, más dentro que fuera del campo, eterno Roman, erraría el penalti decisivo que hubiera metido al submarino en la prorroga de su vida.

Hasta la fecha, ese es el partido más importante de la trayectoria del submarino. El curso de la historia debe cambiar, Europa nos debe una, reza el lema amarillo del Villarreal. Si esta noche los Garrido-Man logran meterse en la final de la Europa League será el día más feliz en las vidas de los 57.000 empadronados de un pueblo “industrial”.

Sería la primera final en sus vidas, nunca antes se ha logrado, nunca antes se llego tan lejos, nunca antes se pasó unas semis. Quizá por eso la ciudad anda revoloteada. Veo un ambiente de fiesta, pero a la vez la cruda realidad nos dice que el submarino está a noventa minutos de volver a quedar apeado y a las puertas de una final.

Los seguidores del submarino ya están orgullosos de lo que ha hecho su equipo, de todo lo que han vivido a lo largo de esta campaña, y llegar más allá será un premio, tanto acabar terceros, como viajar a Dublín. Ventajista o no, cobarde también, el Villarreal ha cumplido sus expectativas.