El manual de los entrenadores tiene varios puntos intocables, máximas que son inalterables a lo largo de la campaña y que, teóricamente, soportan muchas de las críticas recibidas durante el año. Una de ellas hace mención a la espera, a la calma y a la confianza en un proyecto y en unos pilares hasta que la temporada toque a su fin. Hemos escuchado y leída una y mil veces citas como: “No hay que adelantar acontecimientos. Mejor esperar hasta final de curso y analizar entonces si las cosas han sido positivas o negativas. Nada de polémicas hasta ese día. Las decisiones se toman con los resultados completos en el mes de junio”.

Cuando estamos a punto de que la temporada llegue, en apenas dos meses, a esa zona de examen final, los dos grandes del fútbol español están en una encrucijada similar. Por un lado la regularidad de la Liga y la continuidad en un estilo que sume cada semana pese a los obstáculos del calendario, tiene un reflejo sólido en el Barcelona. Por otro lado, muy cercano a esos registros ligueros de récord aunque ya con un premio conquistado este curso, está el Real Madrid. La diferencia es mínima aunque visiblemente gigante en el campeonato liguero. Prisma idéntico en sensaciones a la Copa, donde ambos no encontraron rival y dónde las mínimas diferencias marcaron el éxito o la decepción hace unos días en Mestalla.

Y cerca de alcanzar la etapa de análisis post-campaña, la reflexión es absolutamente extrema en ambos bandos. El Camp Nou sabe que la Liga tiene camino directo hacia la Ciudad Condal y que sólo es cuestión de tiempo certificar que el trabajo de todo un año reciba la justa recompensa en forma de título. El Bernabéu, por su parte, reconoce esa supremacía liguera del rival pero igualmente saca pecho victorioso por la finalísima de Copa del Rey que ya está en su palmarés y en su sala de trofeos.

La interpretación, por tanto, es positiva en ambos casos y sólo resta dar el justo valor a cada título. Ahora mismo, la Copa, sobre todo por el contexto de enemistad y venganza que existe entre los dos mejores clubes del planeta (no hace falta recalcarlo pero es totalmente cierto), parece el mayor de los tesoros para todos los madridistas, por más que la distancia liguera aún no les haya retractado de que en unas semanas las celebraciones se mudarán a Canaletas.

En esa tesitura ambos podrían mostrarse satisfechos por sus méritos pero el duelo directo entre ambos (sumando más clásicos) en la Champions League, será la diferencia dolorosa o placentera en ambas instituciones. Ganar supone dejar al rival sin premio, volver a demostrar superioridad ante quien más se desea y, además, aún optar al máximo trofeo continental. La Copa de Europa no conoce dudas y para todos, culés o blancos, es la madre de todas las victorias. Y, sólo por avisar, pese a que algunos lo hayan ignorado, nadie debe pasar de largo la posibilidad de que, aun llegando a la final, Schalke o Manchester United, arruinen el sueño. Pero eso nos llevará a junio, época de análisis. Allí cada uno dará valor a los títulos que posee. La autocrítica hará acto de presencia.