Soy de Barcelona… y vivo en Madrid. Podría acabar aquí y quedarme tranquilo por haber dicho todo. Pero voy a terminar de usar el espacio de este post.

Sí, se puede. También habrá madrileños que vivan en Barcelona. Y casos como el del madrileño Mario, responsable de la cafetería de la SER que luce orgulloso su barcelonismo mientras sirve las porras al más puro estilo castizo. ¿Y?

Uno escribe este post después de haberme ocurrido esto un lunes a mediodía, en la Gran Vía de Madrid: busco taxi, alzo la mano y entro en uno.

Yo: Hola, muy buenas. A la Puerta de Toledo, por favor.
Taxista: Lo siento, macho.
Yo: Ah, que se iba usted a comer y no puede…
Taxista: No, por lo de la Copa. ¿Tú no eras catalán?

Me reí, claro. Pero me hizo pensar en la cantidad de procesos lógicos ilógicos que pasaron por la cabeza de este buen hombre desde que me divisa en la calle hasta que me subo a su vehículo. Lo de no dejarme decir a dónde voy y que me lleven a la radio de otras ocasiones se quedaba corto.

Yo: Pues qué quiere que le diga, me alegro por el Madrid, que yo vivo aquí desde…
Taxista: Ya, claro, ¡Qué vas a decir tú! Ssajodío…

Llegué a la carcajada. Dice el dicho: “Cree el ladrón…”.  Es absolutamente cierto. El haber tenido la enorme suerte de nacer en una ciudad tremenda como Barcelona y la carambola de vivir en un Madrid abierto y vivo me presupone una tensión antimadridista absurda, que aunque en algunas personas sea cierta, no tiene por qué ser norma para todos.

La conversación en los cinco minutos siguientes pasó por una justificación de cada jugada, de lo listo que es Mou, y hasta de que es normal que se caiga una copa de un autobús en movimiento. Yo asentía atento, sin ánimo de entrar en valoraciones, atónito por un monólogo que era un enfrentamiento solamente para ese señor. Para mí era turismo y del bueno, del que no está en las guías. Era una situación de peli de Almodovar.

El máximo regocijo llega a la hora de pagar.

Taxista: Siete con setenta.
Yo: Cobre ocho.
Taxista: ¡Huy, si hasta deja propina!
Yo: Claro, hombre, ¿qué se pensaba usted?
Taxista: ¡Qué catalán más raro! ¡Si hasta es simpático el gachó!

Cuando cierro la puerta detrás de mí, pienso en que he tenido la suerte de nacer y vivir justo donde quería. Esto no lo cambio yo ni por Londres ni por Nueva York. ¡Qué bien se vive en el foro! ¡Si hasta mi hijo es madrileño y me encanta! Eso sí, ser de Barcelona es un grado que no se pierde aunque uno lleve más de veinte años aquí, divirtiéndome y viviendo bien.