No les puedo citar, aunque son las estrellas del futuro.

Les admiro, pero si se lo digo, se estampan contra la pared del fracaso. Son los cachorros de la radio deportiva.

Los Romeros y Flaquis del 2025 me escriben a diario. Impacientes. Con la certeza de ser mejores que nadie. El último, buenísimo:

– Soy bueno, y lo sabes.

¿Yo qué voy a saber? Apenas sé que no sé nada y que aprendo a diario después de 25 años de radio. Pero al futuro primera espada si le mencionas sus puntos flacos te contesta, orgulloso:

– Bueno, todos tenemos algo que aprender.

Y si le propones que eche el freno para no perderse el paisaje te responde:

– ¿Yo? ¡Pero si soy el mas humilde del mundo! ¡Me salgo del mapa de lo humilde que soy! ¡De tan humilde que soy, soy el mejor! ¡Soy el número uno en humildad!

Sonrío. ¿Quién no ha sido joven y se ha creído el Rey del Mambo… sin serlo? Yo probablemente era mucho peor. Recuerdo vagamente algunos tirones de orejas verbales de las estrellas de la radio de los 80. A mí sí que había que ponerme frenos… de disco.

Sí, les escucho. Les doy orientación profesional y un programa de especialista universitario de dos meses para que hagan radio desde su casa. Planto cuidadosamente la semilla del trabajo constante, de la autoescucha (que es lo más duro de este negocio) observo paciente cómo le crecen ramas a los mejores, y animo a los que topan con sus limitaciones. Soy implacable en las apreciaciones, pero suave en las críticas.

Haremos que el árbol crezca, pero esperaremos a comer sus frutos cuando estén maduros. Nunca antes. Podríamos morir jóvenes.

Ojalá en 2025 el narrador, presentador o animador más conocido de este país me recuerde como aquel que le habló de humildad cuando se salía de la curva. Yo solamente sé que aprendo a diario, y también a enseñar.