“¿Cómo está el césped? ¿Corre el balón?”

“Como en la playa de la Concha…”

Esa fue la conversación que tuve con Xabi Alonso después de que la selección española entrenara sobre lo que debería haber sido césped del estadio Darius & Girenas de Kaunas. Breve, eso sí, pero me quedó clarísimo lo que pensaba el jugador del Real Madrid. Un rato antes, yo mismo había pisado el lugar del crimen (nunca mejor dicho, porque jugar ahí fue criminal) y había comprobado cómo se me hundía el pie en un barrizal con aspecto verdoso que no se parecía ni a los campos de tierra en los que todos empezamos a dar patadas a un balón. Algo que también comprobó el delegado de la UEFA, solo que invirtió menos tiempo que yo. Llegó, lo pisó una vez, nos dijo que no hacía declaraciones y se fue. Así de fácil. A esa hora, teníamos más que claro que se jugaba el partido.

Olvidado todo lo que hayáis visto en los campos de Primera, Segunda e, incluso, Segunda B en nuestro país. El estadio en el que España debía jugar ante Lituania no respiraba la magia del fútbol por ninguna parte. De hecho, el fútbol en Lituania no tiene magia, ya que va detrás del baloncesto, del hockey, del ski y hasta de los bolos, deportes mucho más seguidos por aquellas tierras. Expectación cero, interés nulo por ‘La Roja’. Por eso, y por el duro invierno que han tenido, los lituanos nos esperaban con esa especie de campo de tierra en el que había crecido algo de hierba, dentro de un estadio que no estaba totalmente rodeado de gradas y en el que, desde la posición de los periodistas españoles, sólo se podía ver un espeso y oscuro bosque. Un disparate de escenario para futbolistas de primer nivel mundial. Mejor dicho, para los mejores futbolistas que hay hoy en el mundo: los nuestros.

Sólo el colorido que le daba a la grada el grupo de estudiantes con becas Erasmus que están estudiando por los países de la zona del mar Báltico, nos hacía sentirnos un poco más cerca de casa cuando el intenso frío hacía que se nos trabara la lengua en la transmisión de Carrusel, cuando intentábamos dar los once nombres lituanos que se iban a medir a los campeones del mundo y que ahora sería incapaz de repetir. ¿Es normal que se juegue en lugares inhóspitos como el de ayer pase lo que pase? A mí me parece que no. Y a los jugadores, esos mandados que parece que controlan todo pero sólo acatan órdenes, tampoco. Si les dicen que a jugar se ha dicho, pues a jugar. Afortunadamente, el peso de los nuestros en Europa se ha multiplicado en los últimos tiempos y, por eso, Casillas alzó la voz en nombre de todos para decir que “la UEFA está para algo más que para estar sentado en una silla prohibiendo a los futbolistas jugar con bragas en el cuello o preocupándose por el color de las medias”. Ayer no se debió jugar.

En cualquier caso, España ganó. Lo hizo bien, tocando el balón por abajo (y por arriba, con el gran Llorente bajando al suelo todos los balones que le llegaban), con un Xavi que paraba el tiempo y nos hacía escuchar coros celestiales cuando tocaba el balón, y con superioridad sobre el rival. La clasificación está casi hecha y los jugadores volvieron sanos y salvos. Objetivo cumplido. Muchos jugadores recordaron ayer su infancia, cuando corrían detrás de un balón que parecía enorme en los campos de tierra de toda España… o cuando hacía castillos de arena en la playa de la Concha.