Balón de Oro

Cuando un niño asoma la cabeza en este mundo, el hábitat que respire por vez primera, marcará toda su vida. No son iguales las condiciones en España que en Malasia y tampoco es similar el nivel de vida en Dubai que en Uruguay. Allí, en Montevideo, cuna de larga tradición literaria, estos días los que crecieron entre letras sienten cómo uno de los suyos ha quedado apartado en la lucha por uno de los más altos honores futbolísticos. Porque no es igual para un crack de la pelota haber nacido en Italia o Alemania que haberlo hecho en Uruguay, epicentro de grandes jugadores y glorias pasadas, pero privado del estatus protagonista que hoy se respira en el fútbol europeo. Y es que sólo esa cuestión, la de vestir unos colores centenarios pero para muchos secundarios hoy en día, parece haber privado a su mejor jugador, Diego Forlán, de la lucha por el deseado Balón de Oro.

Cierto es que superar a los tres principales candidatos (Iniesta, Xavi y Messi), se antoja complicado porque reprsentan mejor que nadie una categoría reina en el fútbol actual. Ofrecen espectáculo, poder resultadista y secundan un nuevo estilo que parece incuestionable ante el resto de humanos pero, sobre todo, han logrado éxito en las dos caras que la FIFA puntúa a la hora de galardonar a sus cracks futbolísticos: club y selección. Todos han brillado con la camiseta del Barcelona, lo que hoy en día levanta elogios en cada rincón del planeta pero, además, quizás dejando un poquito retrasado a Messi en su versión albiceleste, Iniesta y Xavi son abanderados de la nueva hornada de talento que emana la selección española en los últimos años.

Sin embargo, las críticas hacia la decisión de la FIFA llegan precisamente en estos aspectos. Diego Forlán logró el pasado curso la Europa League con su club, un Atlético de Madrid, que lideró y lidera a base de goles y cuyo rol es absolutamente imprescindible. Marcó en los partidos clave y, además, fue determinante en la final ante el Fulham. Por si quedan dudas, apenas un mes después se marcó el mejor Mundial de su carrera, siendo apoteósica su aportación a la que fue elegida selección revelación del torneo sudafricano. Alcanzó el cuarto puesto, sus cinco goles le sirvieron para ser el máximo goleador (junto a Müller, Sneijder y Villa) y fue elegido por el personal acreditado de la FIFA como el mejor jugador del Mundial, un Balón de Oro versión Sudafrica 2010 que le abría la puerta a mayores retos personales.

Pese a sus numerosas muestras sobre el terreno de juego en un 2010 irrepetible, Forlán ha quedado apartado de cualquier opción al Balón de Oro. Sus goles sirvieron para sumar éxitos con su club como cualquier otro, abrieron el camino a la renovación esperanzadora del fútbol uruguayo cuando se vistió la celeste pero quizás su glamour, el de un uruguayo en el Manzanares, no es suficiente caché para la FIFA. Probablemente no habrá otra oportunidad pero este 2010 fue el de Forlán, sin balones brillantes pero con todo el cariño de quienes disfrutaron de sus andanzas.