Desde que el actual director general del Real Madrid, Jorge Valdano, acuñara la expresión ‘miedo escénico’ para definir el canguelo que sentían algunos equipos cuando el estadio Santiago Bernabéu está lleno y presiona al contrario y al árbitro, muchos han sufrido los síntomas de esa enfermedad transitoria que afecta al sistema nervioso, nerviosísimo diría yo, y emocional de algunos futbolistas. Tanto impresiona el Bernabéu y la camiseta del Real Madrid, que incluso algunos de los que se la ponen y saltan a ese césped como locales, también sienten el ‘miedo escénico’.

Ejemplos sobran pero, para no remontarnos a nombres que a los más jóvenes ni siquiera les sonarán, sólo tenemos que ver a jugadores como Drenthe o Benzema. El holandés nunca realizó un buen partido con la camiseta blanca, pero en Alicante, en un equipo sin tanta presión como el Madrid, se empieza a parecer un poco al jugador que maravilló en el Feyenoord. El francés, por su parte, ha demostrado en Lyon que va sobrado de calidad y que tiene la portería metida entre ceja y ceja pero, desde que está en Madrid, parece otro futbolista. Las pocas veces que juega, apenas toca el balón, se le nota apático y no termina de demostrar la calidad que se le presupone.

Hasta el partido ante el Auxerre. Ese día, Benzema fue Benzema. Pero no hay que olvidar que se trataba de un partido en el que el Real Madrid no se jugaba nada y que enfrente había un rival que está en la parte media-baja de la tabla en la liga francesa, es decir, un partido sin presión. Si el francés hiciera lo mismo en octavos de final de la Champions, entonces en el Real Madrid se pensarían dos veces llevar a cabo su idea inicial: esperar a verano, vender a Karim y fichar a un gran delantero que venga a ser titular.

Mientras tanto, mientras algunos se preguntan qué le pasa al francés, qué necesita para ser feliz y cuándo va a demostrar su calidad, un argentinito tímido y retraído aprende cada día a ser mejor delantero. Recuerdo aquel invierno de 2006 cuando el Real Madrid anunciaba que había llegado a un acuerdo por 13 millones de euros para fichar a un tal Gonzalo Higuaín, un delantero, hijo de futbolista, con poca experiencia en Primera División.

Muchos, yo entre ellos, nos preguntamos si esta inversión sería rentable para el Real Madrid, sobre todo cuando vimos que podía fallar ocasiones clarísimas de gol. Sin embargo, ese mismo argentinito al que parecía afectarle la presión del Bernabéu y de la camiseta, se empeñó en que sería titular en el Real Madrid. Y lo consiguió. Consiguió convencernos a todos de que era futbolista para el Real Madrid. Higuaín ha mejorado su velocidad, su regate, su colocación y, sobre todo, su definición de cara a la portería. Ha progresado como pocos que yo haya visto y todo lo ha hecho a base de esfuerzo y de espíritu de superación.

Por eso, cuando el ‘Pipita’ se tocó la espalda hace unas semanas, saltaron todas las alarmas en el Real Madrid. Hoy por hoy, el conjunto blanco nota mucho la baja del argentino. De ahí que horas antes de la visita al F.C. Barcelona, en la expedición nadie quería descartar la participación de Higuaín hasta que no quedó más remedio. Ahora toca remar sin sus goles por un tiempo indefinido y quien más y quien menos reza en la casa blanca para que logre esquivar el quirófano y regrese cuanto antes para volver a ser titular en el Real Madrid. Ese estatus, el de titularísimo, se lo ha ganado él solito, sin la ayuda de nadie.

El ‘Pipita’ no es un superhéroe ni un extraterrestre, sino un deportista con hambre de éxitos y con las ideas muy claras. Karim Benzema tiene el ejemplo en casa y, si quisiera, podría ser un delantero de clase mundial. Todo depende de él. El Bernabéu seguirá impresionando y la camiseta del Real Madrid pesando. Que pese más o menos sólo depende del que la lleve puesta.