No tengo ninguna duda a la hora de elegir un Barça-Madrid, pero no por los motivos que seguramente muchos empezáis a imaginar. Me refiero al del año 2001, en el que Luís Figo volvía a la que había sido su casa, pero con una camiseta de otro color. Era mi primer Clásico como inalámbrico siguiendo al Barça y del partido no recuerdo absolutamente nada. El ambiente fue de tal magnitud que la noticia estaba en la grada y no en el césped. Supongo que tampoco me ayudaba el tener tan sólo un año de experiencia siguiendo partidos del club azulgrana.

Dicen que la mente es selectiva, e intuyo que en situaciones de máxima tensión uno sólo retiene detalles. Eso es lo que me pasa cuando intento recordar aquel partido, sólo llegan a mi mente dos imágenes. La primera, esperando en el túnel de vestuarios, viendo a todos los jugadores del Barça y a los del Madrid. Aquel era el momento más esperado, cuando Figo volvía a pisar el césped del Camp Nou. Y la segunda, cuando intentábamos describir todo lo que pasaba, y de repente empezaron a llover billetes. Fotocopias de dólares, de euros y todo aquello acompañado de la pitada más sonora que jamás he escuchado en un campo de fútbol.

Se hacía imposible escuchar la radio, escuchar lo que te preguntaban desde el estudio. Esos suelen ser los momentos más complicados de la retransmisón, hay que decidir entre callarse o empezar a contarlo todo sin saber si en el estudio te están hablando o no. Se esperaban los billetes y también la pitada, de hecho recuerdo que se llegó a publicar cuántos decibelios se habían alcanzado. Empezó el partido y cada vez que tocaba el balón Figo era un sufrimiento para la radio. Aunque era peor cuando el portugués se acercaba al público. Ir a lanzar un córner era una aventura a la vez que un numerito aprovechado desde todos los frentes.

No fue ese el partido del cochinillo, ese fue un año después y de ese partido recuerdo más cosas pero de mi primer Clásico sólo recuerdo lo que os he explicado. Ni goles, ni jugadas futbolísticas, pero de las caras de Figo y de cómo lo vivió el público lo que queráis. Seguramente hubiera preferido estar más pendiente de lo futbolístico, pero es evidente que cuando estás currando no determinas qué es lo que va a ser noticia y ese día lo social sobrepasó a lo futbolístico. Podría haber estado trabajando en un concierto porque todo lo que recuerdo se refiere a la grada. Caprichos de la mente, pero lo que peor se lleva es que nueve años después alguien te pida si puedes escribir algo sobre tu primer Clásico, lo puedes hacer, aunque siendo sincera debo admitir que estuve allí pese a que a veces pienso que no hubo partido.