Martes noche. Algo más de la una de la madrugada. Ya es septiembre. Respiro hondo asomado al balcón. Todavía hace calor y cada vez hay más coches. Las ventanas abiertas dejan oír la voz inconfundible de la Esteban entreteniendo a los recién llegados, que con la nevera vacía, han cenado en alguna terraza y ahora ven la tele. “Operación llenaneveras”, susurro y me sonrío. Es uno de los mensajes que hemos lanzado los últimos cinco días. ¿Cinco? Me sorprendo. Tantas semanas pensando en el viernes veintisiete de agosto, y ya es parte del pasado… No. De la Historia.

El equipo de Carrusel (Foto: J.J.B)

Por alguna razón mi recuerdo se fue a nuestra sesión de fotos para marketing de hace un par de semanas. Fue divertido. Por todo. Nacho, maquillador y estilista, pelea contra un remolino con carácter de mi flequillo mientras Javi pasea con el móvil y Laura no sabe qué ponerse. Romero suda la camiseta. Unos focos criminales casi vencen al deportista. Jesús, el profesional tras la cámara, nos conoce desde hace tanto… Una hora, aproximadamente. No lo parece. Sabe qué decirnos para sacar lo mejor de nosotros. “Más juntos”, grita. “Como si os llevarais bien”. Reímos. Nos cogemos. Algo palpita bajo la ropa, bajo la piel. Hay algo que consigue que cualquier tontería haga saltar la chispa. Tanto, que resulta difícil solamente sonreír. Sueltan un balón y se convierte en juguete. Todos nos miran y ríen con nosotros. “Y yo sin grabar esto en vídeo” pienso en la red. ¡Qué bueno sería poder compartir este momento con todos los que sientan curiosidad por saber cómo somos! “Nunca he sonreído tanto”, aclara Javi Hoyos. “Ni en mi boda me hicieron tantas fotos”. Risas otra vez.

– Laura: “Lo de tocarse no está en el contrato, Javi”

– “Esta camisa que me habéis prestado me viene pequeña. Creo que la he roto”

Unas pinzas por atrás salvan el papelón. ¡Quién nos manda tener un chicarrón del norte como director de Carrusel! Javi posa recio, formal. Es un buen hombre. Paternal, robusto, sincero. Sabe lo que quiere, y si no lo sabe, sabe que no lo sabe. Y te lo hace saber. La alegría que sentí cuando supe que trabajaría con el que conocía como director de Radio Santander dice todo para mí. Hay cosas que van más allá de lo mental. Son de piel.

Laura Martínez parece que va a romperse, pero solamente es eso: lo parece. Posa tensa, hasta que le pedimos que seduzca a la cámara. Cambia como de la noche al día y desactiva el modo jefa. Se convierte en mujer. Jesús, tras la cámara, sonríe. “¡La tengo!” Grita. La sutil sonrisa de la Martínez conquistó la lente.

Romero posa firme, intenso. Entiende la vida como una competición, pero eso no quita alegría al momento. Antonio nos hace reír como el entrenador que baja al vestuario a celebrar una victoria. Su mirada parece decirle al contrario “voy a ganar”. “Y además lo haré siguiendo las reglas”. No hay contrario, pero si es necesario, seguro que se lo inventa para poder competir. La vida es deporte. Prefiere correr a posar. Se le hace largo, pero no se cansa. Es así.

Yo mientras tanto recuerdo otras sesiones similares para Los 40. Es parte del trabajo. Flash. Flash. Cambio de postura. Más flash. Ahora más cerca. Flash. Y yo veo al fondo del objetivo el ojo desconocido de quién nos mira, para conocernos. Alguien dedicará unos instantes en saber cómo somos. Merece respeto. Aunque no siempre su mirada sea para respetarnos. Sonrío, pero no porque sea parte del guión. Mi sonrisa sale sola, porque soy espectador y protagonista de algo que forma parte de la Historia de la radio… una vez más.

Vuelvo al 27 de agosto. El fotógrafo que cubre el primer Carrusel de la temporada nos pide una sonrisa en el estudio central de la SER. Algún día trataré de alcanzar con el recuerdo todos los momentos de una tarde de la que solamente queda un vídeo en la red e imágenes sueltas, casi inconexas. Un abrazo de Raúl, el Gran Jefe. Otro de Fernando, nuestro cómplice en el Universo publicitario. Hacía calor. Un calor que no era solamente físico. El control, abarrotado. Sonrisas, palmadas, pulgares arriba… Yo sonreía, con la calma de haber estudiado bien la lección para ese examen. Llegaron las señales horarias de las siete. Minutos antes, en la redacción, ocurrió algo que me inspiró. Coreado por todos, quedaría mejor.

– ¡Oye!
– ¡Qué!
– ¡Oye!
– ¡Qué!
– ¡Que empieza Carrusel!

La sintonía que ha hecho Historia en la radio palpita al ritmo de nuestros nombres. “Empieza el espectáculooooo”… Y mi voz se funde en un mar de efectos al ritmo de goles y de cheerleaders americanas. Puedo sentir más de una piel de gallina. La mía, por ejemplo. Orgulloso, no puedo evitar gritar. Suelto “Dirige.. Javi Hoyooooos” y le señalo. Ha comenzado el partido. Estamos en el terreno de juego. Aprendiendo cada día, y poniendo todo el corazón, no hay límites.

Cierro el balcón. Mañana me espera la agencia de pipas Facundo (un placer de este mundo) Antes, enciendo el ordenador y me siento a escribir. Te daré siempre que pueda la visión de quién comparte horas de radio con esta tribu de buenas personas. Te los iré presentando. Conocerles es quererles.