Bernat de Deu

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Vivir en NY… entre indicios suicidas

SuicidioSé que he escrito poco últimamente. Han sido días muy extraños... primero vino la muerte de la madre de María, luego llegó de repente, en forma de tembleques, la tristeza de un amigo a cuyo sobrino le han detectado un cáncer… demasiadas cosas que llevaba en la maleta de los desaguisados y que no he querido compartir. Por otro lado, he repasado algunos textos anteriores y me han parecido horribles. Si lo que escribo habitualmente me parece bastante horroroso, cuando me sitúo en el plano de las emociones… la cosa deviene una mierda. Mejor callarse un rato.

Pero han sido también días extraños por ciertas concomitancias. Hace poco coincidí en el Internet con una antigua amante con la que he vuelto a hablar últimamente en el plano virtual. Cuando no venía a cuento, me confesó que –mientras estuvimos juntos, en Nueva York- había soñado más de una vez que me suicidaba, a lo que sumó el habitual consuelo pro-vida tipo no hagas tonterías, que nunca hay que tirar la toalla, y toda esa retórica tan esencial como lógicamente barata. Al día siguiente, uno de mis mejores colegas en la ciudad –sensible poeta, también en crisis emocional- tenía el detalle de recordarme que algunos aspectos de mi carácter (citó la tendencia extrema de mis emociones y el insomnio del que mi cadena es parcialmente responsable) mostraban una clara tendencia al suicidio; “si hace falta, medícate”, no dudó en espetarme. Simpáticas advertencias; que yo sepa, y perdonen amigos que les lleve la contraria, el suicidarme no entraba en mis inmediatos planes post-invernales. Una cosa es no tener muchos amigos, vivir ermitañamente, tener que empezar cien libros y no acabar ni uno o haber escogido la senda del filosofar para vivir… pero de ahí a saltar por mi ventana y despertar a mi portero –el gran Carlitos- con un chasquido óseo en la 115… supongo que hay un pequeño trecho.

Curiosamente, ese mismo día, The New York Times publicaba un artículo que demostraba un incremento del 20% de los suicidios de los estadounidenses de entre 45 y 54 años. El reportaje cubría los últimos cinco años, y mostraba un curioso contraste con aquellos hombres y mujeres que están entre los 15 y 19 años, que solamente experimentan un 2% de incremento. Las motivaciones parecen ser, as usual, de índole económica; se han dedicado muchos esfuerzos a combatir el suicidio juvenil (las pasiones llegan con la juventud, ya se sabe…) cuando, de las 32.000 personas que se suicidaron en los Estados Unidos en 2004, 14.607 tenían entre 40 y 65 años. Al tratarse de una muerte con motivaciones psicológicas, los expertos amasan sus cocos para intentar esclarecer el motivo de este incremento, un aumento que llega al espectacular 28.8% en mujeres de 50 a 54 años. Algunos expertos apuntan que las causas radican en que muchos hombres y mujeres de esa edad abandonan tratamientos contra la depresión, por falta de hábito o negligencia, y ello les lleva a recaer en sus males con más fuerza. Sinceramente, creo que –por suerte o desgracia- las cosas son más fáciles; aunque coincido con Camus con aquello de que el suicidio sigue siendo un tema filosófico de primera, pienso que su raíz es una cuestión de sentido. Damos demasiado bienestar a la gente, le hacemos aspirar a mucho… y uno debe pensar que casi nunca llega a lo que pretende o la sociedad le empuja a conseguir. Es cuestión de estoicismo.

Por lo que a mí atañe, y para evitar cualquier duda en amigos, familiares y superiores a nivel laboral, insisto en mi intención momentánea de persistir en la vida. Todavía me queda mucho para llegar a los 45. Sé que, de momento, no he hecho nada meritorio en la vida… y las perspectivas tampoco son tan buenas como creía; la ciudad se está haciendo muy dura últimamente, las noches de insomnio van en aumento y hace mucho que no tengo a nadie en la cama. A parte de esto, oiga, pues todo de puta madre; de salud bien, con casita en Manhattan –modesta y de alquiler compartido, pero acogedora- y con una vida laboral estupenda. ¿Qué más se puede pedir?

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Comentarios

Pues la reflexion sobre los motivos me parece muy correcta. Parece que todos tengan que llegar a nobel, pulitzer, oscar, etc.
No se que es bien bien estoicismo (lo que hacen las ciencias) pero ahora me voy a mirarlo.

Pues nada, a seguir palante,

YO

Creo que el desánimo es mas generalizado que nunca. Seguramente en esa horquilla de edad nos ataca mas, al fin y al cabo empezamos a mirar hacia abajo con vértigo, pero alrededor mío, en mi trabajo, en mi barrio, en el colegio de mi hija adolescente.... francamente, no veo mucha ilusion, tampoco me extraña con la que está cayendo, pero es muy preocupante.

Animo chaval que cuando estés aquí, echarás en falta la City, verás. Besitos.

A mi me gusta cuando pones sentimientos y sentimentalismo en lo que escribes... En cualquier caso, entiendo que NYC es una ciudad que puede inspirar asias suicidas en personas con tendencia a ello y a la depresión. Pero ¿acaso Madrid o Barcelona no?... Personalmente, creo que, por encima de las tres, Sevilla. Al menos, para mi.

Un saludo.

mira bernat, eres estupendo, me encanta leerte y sobre todo cuando estás pesimista,(lo siento por tí), soy yo ¿sabes? soy una maldita que adora el malditismo, ya sabes,los perdedores etc, yo soy una de ellas, me encanta supongo que por cierta "debilidad mental" y tendencia a la depresión (mis neurotrasmisores que no "fluyen" debidamente, ni con fluoxetina, tú!!!), Dios Mío! que nadie lea estas cosas, bueno en realidad no sé para qué coño escribo estas tonterias supongo que para desahogarme un rato y decirte que no sé (bueno si sé) me encanta leerte cuando hablas de suicidio etc...me ayuda y empuja a vivir mejor, me siento afortunada de mi cobardía rupestre...bueno besos ,no te suicides todavía, yo tampoco lo haré por ahora...

La salida mas Fácil es la mas corta, La muerte.
Para los creyentes se irán con dios, para los indecisos vivirán en paz.

dios mio yo no se lo q la gente piensa pero uno debe debe de comprender por lo q ellos pasan.

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