Vivir en NY... entre presos privados o públicos
Según la Bureau of Justice Statistics, las cárceles de los Estados Unidos acogen a un total de 2.245.189 presos, una cifra impresionante que experimenta un aumento anual de casi un tres por ciento. Esta semana, The Economist y The New York Times han recordado muy oportunamente las deficientes condiciones de vida que sufre esta población de segunda, un grupo que es –aunque se tienda a olvidar- sujeto de derecho y respeto. Por un lado, el semanario británico se hacía eco de estudios recientes que demuestran algo que el sentido común más llano hace emerger; las condiciones horrendas que sufren algunos internos (fatal neologismo) del país no solamente no ayuda sino que derrumba cualquier intento de reinserción. Entre estas condiciones, la peor salta a la vista; las cárceles estadounidenses están preocupantemente superpobladas; la mayoría de reclusos viven en celdas minúsculas sin aire acondicionado (en Alabama y en agosto, créanme, eso significa pasarlas muy canutas) ni las mínimas condiciones de higiene o comodidad.
Por otro lado, aumentar el presupuesto para el gasto en prisiones públicas acostumbra a colisionar con el ánimo de algunos políticos que no quieren que sus electores crean que subvencionan la mejor vida de criminales que deben pasarlo obligatoriamente mal. Paralelamente, la sobrepoblación de las cárceles comporta –como comenta hoy mismo el Times- que muchos reclusos deban desplazarse hacia cárceles muy lejanas a sus casas, fatalmente inaccesibles para sus familiares; un tour que, por otro lado, también entorpece la correcta rehabilitación del preso, al cortar de raíz los educational programs que –de manera oportuna- ofrecen muchos centros del país. Por todo ello, ambas publicaciones resaltan la importancia de incrementar centros penitenciarios privados, como los que mantiene e incrementa anualmente la Corrections Corporation of America, unos centros que no solamente están mejor acondicionados, sino que recortan hasta un 15% el gasto público por recluso, lo cual debe placer a los más conservadores...
Efectivamente, las prisiones privadas son más baratas y están igual o mejor que las públicas. Sin embargo, aunque estoy de acuerdo con ambas publicaciones al defender su existencia, cabe recordar que –eliminada la sobrepoblación- las condiciones de las cárceles públicas seguirán siendo las mismas si el estado no incrementa su financiación y reforma. Que el sistema carcelario cree centros de primera y reclusos de primera –como si la cárcel fuese un destino turístico más- no deja de crear una dicotomía entre presos que puede ser fatal. Estar preso es una situación terrible; estarlo sabiendo que otros tienen mejores condiciones todavía debe serlo más...









