Salía casualmente de la biblioteca y me los encontré de frente; casi les atropello. Ella repartía sonrisas y parecía interesarse, con gesto dócil, por las explicaciones que una joven guía le espetaba acerca del edificio, sus aulas y recovecos, mientras él la seguía sin decir nada, caminando como un Quijote que está en ese molino –nuevamente- por error, cubierto con unas gafas que parecían de mercadillo barato y con una chaqueta por la que nadie daría ni un centavo. La visita rutinaria al lavabo devino contemplación y media sonrisa; aunque suelo interesarme más por las mujeres, qué le vamos a hacer, no pude evitar quedarme mirando al barón que acompañaba a esa muñeca que debe venir de Marte y que tiene pinta de ser de cristal, como la ciudad de su loco. Contuve mis ganas de darle las gracias al paria, porque ya lo han hecho demasiados y con todos los tonos imaginables e impostaciones diversas, y me hubiera encantado confesarle al tipo que me parece un verdadero genio que –con perdón- escribe novelas más bien mediocres; sería, pienso mientras entro al lavabo tan blanco, una presentación un tanto brusca, demasiado a mi estilo.
Me explican luego que la cristalina recita sus versos, Leer Para ti, en la galería del Cervantes, a eso de las seis. Eduardo Lago presenta líricamente, con su voz que susurra, un acto teñido con tapas, vino y jamón; el Brooklyniano ilustre abre la veda sin pensarlo y ataca a la tortilla, que es mucho más agradecida que el lienzo en blanco. Y ella recita como una bailarina, con una voz aflautada, o diría incluso pueblerina, esos versos rústicos y desangelados tan bonitos (ahora pienso que “bonito” es demasiado cursi); habla brevemente de noches amnióticas, de portales que sólo vimos en las películas que se cachondean de Minnesota y sus catetos, de madres que miran por la ventana… Aunque siempre he leído poesía –e incluso la escribo con indecencia- los recitales siempre me impulsan a fijarme en detalles que escapan la palabra y entran en la tontería. No puedo evitar mirarla; admirar como se sienta, prácticamente como una figura muerta de Schiele, de manos aliñadas de venas y unos pies que parecen más largos y blancos a cada minuto. Pero sigo mirándole a él; parece que la ignora o que incluso pasa de ella (ya le debe haber recitado esos versos miles de veces), y mira continuamente a otros lados, pero –de tanto en cuando- no se le puede escapar una ojeada de absoluta devoción hacia su diosa, y entonces, cuando veo a través de esas gafas, entiendo por qué él ha dicho alguna vez que no podría escribir sin ella.
Se acaba el acto y la tortilla, mientras bebemos a nuestra salud (somos poquitos y progres) y Eduardo me presenta a las traductoras de la princesa, las poetas Julia Piera y Chiara Merino, con las que acabamos cenando y partiéndonos de risa en uno de esos pisos de Nueva York con gente que ríe y vive como en las canciones, y que se evapora a ritmos de nos vemos en seguida, lo prometo… Dejo a las traductoras en su hotel y subo con esos versos hacia la zona negra que es mi casa; y entonces pienso otra vez en esos pies, en la bailarina y en el hombre de las gafas; y recuerdo que a ti te falta una sola letra para llamarte Siri, y a mi me faltan unas cuantas para llamarme Paul, para llevar gafas, y para escribir novelas mediocres y que algún imbécil me lo recuerde…
Quizá ésa sea su cruz, porque la sombra de Paul Auster es alargada y en algunos momentos parecía haber condenado a Siri a ser la "mujer de" pero quién ha leído algo de la obra de ella coincide en que es una escritora excepcional y cautivadora...
Publicado por: Martina | 24/04/07 en 10:10
Hombre, alguna que otra novela mediocre si que ha escrito pero tambien ha escrito unas cuantas bastante notables.
Un saludo y enhorabuena por tu blog que resulta muy interesante.
Publicado por: Pulp-O | 27/04/07 en 13:41
Bernat, la envidia te corroe. No todo lo que Auster ha escrito es brillante, pero al menos no tiene que recurrir a redactar mediocres comentarios salpicados de alusiones supuestamente cultas. Como los tuyos, por ejemplo. Crece un poco, hombre, y talvez consigas tu propia diosa nórdica (si hay alguna con tan poco cerebro como para aficionarse de un tipito tan desabrido.)
Publicado por: Pieper Pieper | 10/08/07 en 20:01