Javier del Pino

La vida y el azar

Somos seres desnudos, vulnerables, en un mundo hostil, malvado. Unas veces la gente muere en las guerras. Otras, en atentados. A veces se muere porque el ser humano mata por lujuria, por ambición, por estupidez, por pasión. La lectura de la crueldad del universo es más impredecible. El universo mata porque toca volcán, terremoto, tsunami, y ese día, pum, a tomar por saco.

He recordado esa reflexión que me hizo Arturo Pérez Reverte porque el universo eligió el lunes para el accidente de metro en Valencia. Siempre que el azar trágico llega de improviso nos sorprende. Llevamos decenios de soberbia encima. Hemos olvidado que existe una excelente literatura sobre la relación muerte y el azar. En Estados Unidos tienes a Thorton Wilder, por ejemplo.

Buscaremos las causas del accidente del metro. Repetiremos que esto no volverá a pasar. Esta bien actuar así. Pero también deberíamos ser humildes y asumir lo que Arthur Koestler resumió en los títulos de su autobiografía: que la vida es azar, una flecha disparada en el azul, una escritura invisible. Una dolorosa oscuridad al mediodía. Como el interior del túnel del metro de Valencia.

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Justo después de leer tu carta, que es la última, salí en el coche y no podía dejar de pensar si el azar estaría de mi lado. Por si acaso, no respondía al teléfono móvil cuando sonó, y no cambié de emisora en la radio, para no darle una excusa a la mala suerte. Cuando te toca, te toca, decimos en España; cuando sale tu número, te toca, dicen los americanos. Pero es verdad que es el azar, o como lo explicaba Woody Allen, es la pelota que cae sobre la red en la pista de tenis y que el azar inclina hacia un lado o hacia el otro.

Todavía en el coche, veo en la cuneta una cruz mal construida y un ramo de flores. Me viene a la cabeza algo que leí en el New York Times. Lo busco después y lo encuentro: se publicó el 6 de febrero. Cuenta la historia de Lyn Forester, una mujer que cada día lleva flores y limpia el arcén de un carretera en el sitio exacto en el que su hija murió en un accidente de tráfico. Ella dice que allí se siente cerca de su hija, porque es el último lugar en el que estuvo viva. Quienes conducen por esa carretera se quejan, dicen que las flores son como un mal presagio. Algunos Estados quieren prohibir esos santuarios de dolor. Las familias de los muertos conviven con la muerte. Los vivos no quieren que les recuerden que están vivos sólo porque la suerte lo decide.

Uno de los grandes pensadores de este país me dijo una vez lo mucho que se arrepentía de no haber pasado más tiempo con sus hijos cuando eran pequeños. Me dijo que cuando ya era demasiado mayor había descubierto que la vida hay que disfrutarla, hay que trabajar sólo lo necesario y, sobre todo, hay que ver crecer a los hijos.

Hemos elegido una mala manera para acabar con esta sección. Que tengas suerte, José.


Himnos y banderas

Poco después de llegar aquí, fui a ver un partido de tenis en un estadio de Filadelfia. Cuando estaba a punto de empezar, salió un señor con un micrófono. Empezó a cantar el himno de Estados Unidos, y todo el mundo se puso en pie. Yo no sabía si los extranjeros estábamos exentos, pero una señora me dijo: “Póngase usted en pie y cante”. “Es que ni es mi himno ni me sé la letra”, dije yo. “No nos falte usted al respeto”, me dijo. La señora, dentro de su severidad, parecía encantadora, así que me puse de pie y empecé a mover los labios como hacía en misa de pequeño.

Hace unos días, estuve en la clase de mi hija al comienzo de uno de los últimos días de curso. Cuando todos estaban ya en la clase, suena un timbre. Se ponen de pie, se llevan la mano al corazón, se giran hacia una bandera en la esquina de la clase, y recitan el juramento de fidelidad a la bandera.

Yo crecí en España cuando nuestro país estrenaba democracia y llevar una bandera en la pulsera del reloj era un juramento de fidelidad al franquismo. Todavía hoy, la bandera me produce sentimientos contradictorios, incómodos. Y el himno español siempre me ha puesto nervioso, me hace pensar que va a venir un sargento a obligarme a hacer la mili de la que me libré.

La bandera y el himno son tan distintos aquí, en Estados Unidos. Me pregunto, José, si el culto excesivo a estos signos de identidad nacional es propio de un país joven.

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En el cuartel en el que hice el servicio militar había una bandera arrestada. “Por cobarde, tardará años en volver a ver el sol”, se explayó el capitán al que pregunté por el arresto.

Opiné que el cobarde debió ser el que sostuvo el trozo de tela en el oscuro instante de la cobardía y aquella noche dormí arrestado junto a la bandera. Lo de trozo de tela se lo escuché decir años más tarde a Bandrés. Fue cuando lo de la ikurriña.

Si con las banderas mi relación es fría, con los himnos es de frigidez. En “El sonajero de los pueblos”, ensayo sobre himnos de las comunidades autónomas españolas, mi amigo Paco Bobillo explica que cuando García Calvo puso letra al himno de Madrid repitió dos veces por no ser nada. Tierno Galván le sugirió que cambiase el no ser nada por ser algo, y así quedó.

¿Propio de país joven el culto a banderas e himnos? No lo creo, Javier. El propio Bobillo tiene otro ensayo dedicado a los himnos de países latinoamericanos y explica que se dicen cosas terribles en letras de hace dos siglos.

Si en los himnos nacionales sobra la retórica exaltada, en los de los clubs de fútbol sobra horterada. Salvo el nunca andarás solo del Liverpool no hay himno futbolero que se salve. Soy del Español y su himno me provoca un subidón de alergia.

Un problema de liderazgo

    Todo el mundo sabe que de las encuestas no hay que fiarse porque las cargo el diablo, pero he leído esta semana uno de los sondeos más interesantes que ha publicado el Pew Research Center, el centro de estudios sociales con más prestigio en Estados Unidos.

    Querían saber cuál es la imagen de este país en el resto del mundo. Me dirás: “Es mala, para eso no hace falta una encuesta”. Y es verdad que la imagen es mala, muy mala. Pero de los países en los que se ha llevado a cabo el sondeo, ¿sabes en cuál es peor? Exacto: en España. Los españoles desprecian Estados Unidos con más repulsa que varios países del mundo musulmán. De hecho, somos, junto con Jordania, Turquía y Egipto, los países del mundo más convencidos de que la presencia de Estados Unidos en Irak es un peligro para la paz mundial.

 No digo que no lo sea, pero me sorprende que seamos tan militantes. Hace meses ya hablamos de esto, José, pero te confieso que yo mismo, que no peco de complaciente, tengo que debatir cada vez más en contra de la tendencia a magnificar cualquier anécdota que perjudique la imagen de este país. En vez de corresponsal en Estados Unidos, algunas redacciones quieren tener corresponsal anti Estados Unidos.

 John O’Hara, un escritor que nació en Pensilvania, escribió que Estados Unidos es el único país en la historia que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización. Los españoles, aparentemente, estamos de acuerdo. Y luego nos vamos de compras a Nueva York.

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    Un día me dijeron una frase que creo define el problema de Estados Unidos: “Su presidente manda demasiado fuera y poco dentro”. Se la comenté a Javier Solana y estuvo de acuerdo en que el sistema presidencialista de Estados Unidos hace que la Casa Blanca sea el epicentro de elogios o diatribas contra el país.

     Estados Unidos son muchas Américas. El español medio confunde la política de la Casa Blanca -nefasta en el exterior- con el pueblo norteamericano. Los norteamericanos se dividen, como los españoles, a partes iguales entre conservadores y progresistas, más la gente que pasa de la política, que es la mayoría.

  Ocurre que entre un habitante de San Francisco y uno de Alaska, y eso lo sabes tú mejor que yo, Javier, hay la misma diferencia de idiosincrasia y cultura, y quizá más distancia geográfica, que entre un gaditano y un sueco.

 
   Vicente Navarro, durante muchos años profesor en Estados Unidos, escribe en El subdesarrollo social en España que en Estados Unidos “impera el modelo neoliberal sin que la mayoría de la población comulgue con ese modelo”. País de contrastes, a su pésima imagen exterior opone un tejido social para fines solidarios muy superior al de España.

  Vaya vapuleo vamos a recibir hoy de los oyentes, Javier.


Comida

Cada vez que miro el menú del colegio de mis hijas lo comparo con el que yo tenía a su edad. El mío era el menú de mi madre, porque yo comía en casa, como casi todos: lo de comer en el colegio era una frivolidad. Yo envidiaba a los que se quedaban a comer porque siempre tenían flan de postre. No sabía que lo de mi madre era más que una comida: era una lección de gastronomía y de economía doméstica.

Mis hijas pueden elegir entre pizza, hamburguesa, tacos o pollo teriyaki. No te dejes intimidar por el nombre asiático porque es pollo rebozado. Al día siguiente tienen pizza, hamburguesa, tacos o pollo teriyaki. Y al siguiente también.

La obesidad en los últimos 25 años se ha duplicado entre los niños y se ha triplicado entre los adolescentes, en Estados Unidos. Ahora quieren prohibir las Coca-Colas en los colegios. En California, un estudio dice que los adolescentes consumen 800 latas de refresco al año. Dos vasos de Coca-Cola por cada vaso de leche.

Y siempre me ha parecido fascinante que en las tiendas de libros –magníficas en este país- las secciones más voluminosas sean las de libros de cocina y las de guías para adelgazar. El pecado y el arrepentimiento.

Dime, José, que esta epidemia no ha llegado a España.

Un oficio en apuros

Hacía un par de años que no le veía. Tiene buen aspecto y parece que le van medianamente bien las cosas aunque asegura que desde que se ha vuelto honrado la vida se le ha puesto difícil. Jorge Rojano es atracador jubilado.

Dejó el oficio, explica con lenguaje de tecnócrata, cuando el trabajo se puso difícil: invertía un dineral en prospección de mercado, utillaje e inmuebles, que así definía la investigación de bancos a atracar, compra de armas y pisos francos, dinero que no recuperaba porque los bancos, dice, muchas facilidades cuando llevas dinero, señor Rojano por aquí, señor Rojano por allá, pero ponen dificultades, cajas fuertes de apertura retardada, por ejemplo, cuando con una pistola en la mano pides que te lo den.


Y encima, dice Rojano, la competencia de las mafias extranjeras, que se lían a tiros a la menor dificultad, y no como los atracadores autóctonos, más civilizados.


A Rojano lo de Marbella le ha acabado de desmoralizar. Sin jugarse el tipo se han llevado más dinero que yo, media vida con pasamontañas, dice Rojano, ahora dedicado a la decoración porque siempre ha sido un artista.


Nuevos tiempos, Javier. A la delincuencia autóctona la jubila la violenta globalización del crimen y la sofisticada ingeniería financiera. Véase el último secuestro exprés.


Un tributo a los dioses

Para José Martí:

Habrás escuchado, José, las cifras de muertos en carretera en Semana Santa. Los telediarios lo repiten de manera machacona, aunque sospecho que lo hacen más por sequía informativa que por interés genuino en esos números fatídicos.


Tenía la impresión de que en España, con coches pequeños y vino en la comida, las cifras de muertos serían superiores a las de Estados Unidos, con coches ostentosamente grandes y con la sensación, a veces, de que uno comete un delito cuando bebe una cerveza a mediodía. Era una impresión equivocada: el número de muertos supera ampliamente los 130 por millón de habitantes en Estados Unidos y está ligeramente por debajo de los 130 por millón de habitantes en España.

Pero sí he visto una diferencia interesante al comparar las estadísticas. Aquí, con velocidades máximas muy por debajo de las españolas, el factor principal en los accidentes mortales es el consumo de alcohol. En España es la distracción, mezclada con la velocidad. También leo que en España, los menores de 25 años, que son sólo el 10 por ciento del total de conductores, representan el 20 por ciento de los fallecidos. En Estados Unidos hay cada vez menos accidentes mortales con conductores jóvenes y más con personas de edad muy avanzada.

¿Tú crees, José, que podemos aprender algo de esto? Me pregunto si permitir el carné de conducir a los 16 años, como aquí, permitiría educar mejor a los adolescentes al volante. Pero tiendo a pensar que la manera de conducir de muchos españoles, que van a toda velocidad mientras buscan el mechero en la guantera, tiene que ver con el carácter, es decir, no hay ley que pueda servir de mucho.


Texto de José Martí: ----

Texto de José Martí:

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Siendo joven leía al politólogo francés Maurice Duverger. En uno de sus libros, 1964, escribió: “Incluso en las democracias, una parte de la política se desarrolla en las sombras de la discreción, en el secreto. Es difícil, por ejemplo, si no imposible, conocer el financiamiento de las elecciones, las intervenciones de poderosos grupos privados en la administración o el gobierno”.


De esa maldición no se libra ningún país ni ningún tipo de administración estatal, municipal o de partido. Véase Marbella, Esquerra Republicana, el famoso tres por ciento de tasa mafiosa o sinecuras menores de las que se tienen noticia. Eso, en España.


En Italia, Berlusconi es un escándalo. En Gran Bretaña, Blair ha caído en la tentación. En Francia y Alemania más de un político debería estar en la cárcel. En los países del Este, la corrupción ya es una feria. Y en Estados Unidos, tú sabrás mejor que yo lo que pasa.


Son años en los que se ha impuesto el principio de ganar dinero de cualquier forma. Hoy no se dice “no lo hagas, que está mal”, sino el “hazlo, pero procura que no te cojan”. Y si te cogen, procura dilatar el procedimiento judicial para que prescriba.


¿Qué hacer, Javier ante el desprestigio de la política actual? Reinventarla, me dijo un día Jorge Semprún. Pero, ¿cómo?


Películas (legales) en Internet.

Kong.gifHoy los grandes estudios de Hollywood han dado el paso definitivo hacia la venta de películas por Internet. Desde esta mañana, King Kong o Brokeback Mountain –entre otros miles de películas- se pueden bajar legalmente por 19,99 dólares. Hay cientos de títulos a 1,99. El sistema permite ver la película en un ordenador o en una televisión conectada a un ordenador, pero no puede pasarse a un DVD. Hasta ahora, algunos estudios permitían alquilar películas en Internet pero los archivos sólo podían reproducirse durante un mes. Ahora las películas compradas y bajadas son para siempre. Es tecnología para la pereza: por el mismo precio uno se puede comprar el DVD, con su cajita, sus extras, etc.

Warner Bros., Universal Pictures, Sony Pictures, Paramount Pictures, Twentieth Century Fox y MGM comercializan sus películas a través de Movielink. Sony y Lionsgate las venden por Internet en Cinema Now. Walt Disney es la única de las grandes que todavía se lo está pensando.

Amiguismo y entreguismo

Para José Martí

Comentarios

Sobre censura y televisión, un tema que empieza a ser recurrente, Gonzalo escribe:

Parece mentira que seas periodista. El problema es que la hora de emisión eran las 7/8 de la trade en el Pacífico y 8/9 en el Mountain time. La escena (yo la ví) era bastante fuerte para que la vean los niños. Aquí los niños también ven la tele a las 8 de la noche. En USA puedes poner esas imágines y otras mucho más fuertes en ciertos horarios. Es el país de la industria del porno, entre otras cosas. Ya está bien de mentir, coño!

Gonzalo: no es verdad lo que dices en tu comentario. Mejor dicho: es verdad que parece mentira que yo sea periodista, pero los horarios que das están equivocados. La serie se emite de 10 a 11 de la noche, sea cual sea la zona horaria, y la escena corresponde a un momento avanzado del episodio. Si piensas que no tengo sensibilidad sobre lo que se puede o no se debe emitir a determinadas horas, te sugiero que repases esto. Y depués escucha esto, comentado esta mañana en Hoy por Hoy y sacado de un concurso que es emite en ETB a las 2 de la tarde, una hora en la que, como todo el mundo sabe, no hay niños delante de la televisión.

Dicho sea de paso y solucionado un problema técnico, todavía no sé si poner enlaces a vídeos o audios es una buena idea. Cuando me demanden por violación de copyright tomaré una decisión.

Un amigo que trabaja para uno de los grandes periódicos de este país me decía ayer que las últimas encuestas sobre la labor del Gobierno de George W. Bush ofrecen un dato para la frustración: aunque sus índices son históricamente bajos, todavía hay un 36 por ciento de estadounidenses convencidos de que su presidente está haciendo un buen trabajo. Para ellos, la situación en Irak es alentadora y el tamaño del déficit es irrelevante (habría que preguntárselo dentro de 20 años). Me contaba la historia de un gobernador de Kentucky, de perfil deleznable e implicado en múltiples casos de corrupción, que incluso en sus peores momentos lograba su 35 por ciento de aceptación en las encuestas. Aquí en el DC teníamos como alcalde –y ahora como concejal- a Marion Barry, cuyo historial delictivo nunca ha mermado su asombrosa capacidad para recibir el apoyo de las urnas.

Se puede odiar o amar la política de Bush, pero no hay nada en medio de esas dos opciones. En cambio, por la lectura de los comentarios en estos últimos meses compruebo que no ocurre lo mismo con la opinión exterior sobre Estados Unidos y los estadounidenses. Aunque en los extremos hay un gran número de críticos -algunos aferrados a los tópicos- frente a un pequeño grupo de irreductibles proamericanos defensores hasta de lo indefendible, existen cada vez más opinones intermedias, al menos en este blog.

Verónica hacía este comentario y esta pregunta:

He vivido tres años en Ciudad de México y creo que aquí pasa algo muy parecido a lo de EEUU. La prensa, la televisión y la radio no son fiables, cuentan lo que les interesa, dependiendo del color político que tengan.Y fuera de ellos y EEUU, los demás países parece que sólo existieran cuando pasa algo muy gordo o muy gracioso. Pero me interesa saber algo: ¿a pesar de esta desinformación en los EEUU de la que hablas, es posible vivir a gusto allí?. Salí de México cansada de tanto oscurantismo y creo que me mandan para EEUU. ¿Será lo mismo?

Verónica, nunca he dicho que aquí haya desinformación sino gente mal informada. Exactamente igual que en España. ¿Está bien informado quien sólo lee El País? ¿Sabe cuál es la situación política en España quien solo escuche la COPE? Informarse es un acto voluntario y nunca ha habido tantos medios como ahora para hacerlo. Si vas a venir a vivir aquí, no te asustes porque dos chicas de Minnesota no sepan lo que es Guantánamo. Que ellas no lean los periódicos no significa que los periódicos no se publiquen.

En línea con esto y después de que yo criticara la ubicación de un titular en El País Digital, David escribía:

Estamos acostumbrándonos a encontrar noticias que realmente no lo son en sitios que no debieran. ¿por qué? Porque vende. (…) Aquí incluyo la fijación con todo lo que viene de EEUU, quizá por la idea de que todo lo que llega de la primera potencia mundial tiene que ser también de primer orden en cualquier ámbito.

No podía estar más de acuerdo. Me resisto cada día a reincidir en esto, pero ganas no me faltan. Mi comentario fue malinterpretado como una crítica a EPD cuando era en realidad una crítica genérica con la esperanza de que en los periódicos digitales serios no veamos nunca un titular del tipo Rocío Jurado está con buen ánimo y ha desayunado churros con el que Hola abría este fin de semana sus páginas de Internet. (Sí, leo Hola. Pero sólo la portada. Y muy de cuando en cuando).

En otro orden de cosas, Inés escribía esto sobre el ejercicio del periodismo y la labor de los corresponsales:

¿Ser un corresponsal en USA tiene que molar más que serlo en Irak ahora, no? ¿O sea que los corresponsales tienen prestigio entre sus compis, ligan más, cobran más y todo ese rollo? ¿En serio? No me lo creo mucho. Creo al del Pino con que las cosas han cambiado.

A la primera pregunta: Sí, porque no hay riesgo de decapitación. A la segunda No. A la tercera: Te lo juro. Recomiendo la lectura de este artículo de la revista Variety sobre la triste irrelevancia en la que han caído los periodistas de la Casa Blanca.

Agradezco enormemente los comentarios, algunos tan recomendables y sinceros como el que dejó Ana para hablar de salud mental. A algunos les gusta que Martí y yo hablemos de temas sensiblemente marginales, para otros la selección es empalagosa, hay quien cree que cuento demasiado sobre mí mismo y varios me piden que sea un pelín más frívolo. Todos tienen razón. En fin, a currar.

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